El psicópata, ¿nace o se hace?

Cuando nos enteramos de sucesos como el de Cleveland, con secuestros que duran años, o asesinatos en masa, en serie o de especial crueldad, sin más motivos aparentes que la propia satisfacción de los autores del crimen, tras la sensación automática de repulsa, a continuación sentimos una intranquilidad, una sensación incluso de miedo porque nos cuesta entender que alguien para ser feliz necesite y sea capaz de generar tanto sufrimiento en sus semejantes, sin sentir un mínimo de empatía. Parece que cuando esa violencia se produce en un conflicto armado, “establecido formalmente”, limitado en el tiempo y en el espacio, y con causas “más o menos justificadas”, ya que son conflictos de intereses entre diferentes grupos humanos, aunque también sintamos repulsa, nos resulta más fácil entenderlos.

Heeere's Johnny!

A diferencia de otras patologías del organismo, las deficiencias mentales y los trastornos psicológicos y del comportamiento siempre han tenido un componente especial, debido a su impacto sociológico en el entorno del afectado. Si a ello añadimos su complejidad, la dificultad de entender sus causas y sus consecuencias, nos encontramos con situaciones de marginación, desprecio, clasismo, racismo…

Esto mismo pasó cuando a mediados del siglo XX, se vio que algunas de estas enfermedades estaban provocadas por anormalidades en el número o en la morfología de los cromosomas. Por ejemplo, en los años 60, algunos estudios relacionaron el genotipo XYY, es decir, con un cromosoma masculino extra, con el comportamiento agresivo. De hecho, en algunos países fue utilizado por las defensas en casos de asesinato, aunque en ninguno llegó a aceptarse. Estudios realizados durante las décadas posteriores demostraron que este genotipo está asociado a alteraciones físicas y mentales pero no a un comportamiento agresivo.

La genética del comportamiento

El desarrollo en los últimos años de la genética molecular y de técnicas de imagen in vivo, han permitido empezar a conocer la relación entre genes y comportamiento. El salto dado en el conocimiento del genoma, con el descubrimiento de los genes implicados en la fisiología del cerebro, y el desarrollo de la imagen por resonancia magnética y por tomografía por emisión de positrones (PET), que permiten comprobar los cambios en la actividad del cerebro, han abierto un amplio abanico de posibilidades.

En este estudio publicado en febrero en The Lancet, se analizaron los datos de polimorfismos de un solo nucleótido (SNPs, regiones del ADN utilizados para estudiar diferencias entre grupos de población) en 60.000 individuos entre controles y enfermos con cinco desórdenes psiquiátricos: autismo, déficit de atención-hiperactividad, trastorno bipolar, desorden depresivo mayor y esquizofrenia. Los resultados mostraron 4 zonas del ADN (loci) relacionadas con estas patologías, donde se encuentran genes que codifican las proteínas que van a formar los canales de calcio en las membranas celulares. Estos canales de calcio forman parte de las conexiones sinápticas de las neuronas. Hay casos de gemelos en los que uno sufre esquizofrenia mientras que el otro padece trastorno bipolar.

File:Dna-SNP.svg

La molécula de ADN 1 difiere de la 2 en una sola base: polimorfismo C/T (David Hall para Wikimedia Commons).

La misma técnica de análisis de SNPs centrada en los genes que codifican para neurotransmisores, sus receptores y las enzimas que regulan su metabolismo, ha mostrado una relación entre los genes relacionados con la serotonina y el impulso agresivo; una mutación en el gen de la monoaminoxidasa A (MAO-A), la enzima que degrada los neurotransmisores dopamina, norepinefrina y serotonina, y que provoca un nivel anormalmente bajo de este último enzima, causa un síndrome que incluye impulsividad y violencia. A este gen se le ha llamado el “gen guerrero”. Las variantes de estos genes están asociadas a un riesgo elevado de comportamiento violento y delincuencia, pero solamente en individuos que han experimentado episodios violentos en su infancia y adolescencia.

El investigador investigado

James Fallon es neurocientífico y profesor de psiquiatría en la Universidad de California-Irvine. Entre sus áreas de investigación se encuentran las células madre, la neuroanatomía química, la función cerebral y las técnicas de imagen del cerebro. Algunos de sus descubrimientos exceden el campo de la neurología y la psiquiatría. Para los que hemos trabajado en biología celular nos resultan familiares los factores de crecimiento celular TGFα (Transforming Growth Factor α) y EGF (Epidermal Growth Factor), descubiertos por él. En su campo fue el primero en conseguir la estimulación a gran escala de células madre adultas en tejido cerebral dañado usando factores de crecimiento.

Ha hecho aportaciones al esclarecimiento de patologías mentales como la esquizofrenia, la enfermedad de Parkinson, la enfermedad de Alzheimer; la relación entre hostilidad, género y adicciones a la nicotina y la cocaína; al estudio del metabolismo de la dopamina, norepinefrina, péptidos opiáceos en el cerebro; a la utilización de las técnicas de imagen por resonancia magnética y por tomografía por emisión de positrones.

Una de sus especialidades es encontrar las diferencias entre el cerebro de un asesino y el de una persona “normal”, ya que lleva casi 20 años estudiando cerebros de psicópatas. Pero fue hace unos pocos años cuando su visión de este campo de investigación cambió totalmente. Una típica conversación de las que se suelen tener con una madre de 88 años hizo que el investigador se convirtiera en investigado. Resultó que por línea paterna tenía varios asesinos muy violentos entre sus antepasados. En 1667, a uno de sus antepasados directos le colgaron por matar a su madre. Esa línea familiar dio otros 7 supuestos asesinos, incluida Lizzy Borden, quien en 1882 fue acusada y absuelta de matar a su padre y a su madrastra.

Aprovechando su experiencia estudiando cerebros de psicópatas decidió comprobar si alguien de su familia portaba el típico cerebro de asesino en serie. Dicho de forma sencilla, los individuos con baja actividad en el córtex orbital pueden ser tipos irresponsables o sociópatas. Esta parte del cerebro frena a la amígdala, que está implicada en respuestas emocionales, incluidas las agresivas. Cuando el córtex orbital no funciona bien por daño cerebral o por alteración genética, se alteran todos los comportamientos emocionales: ira, violencia, alimentación, sexualidad, alcoholismo…

File:Constudoverbrain.png

Vista frontal del cerebro (Wikimedia Commons-Original version was uploaded by RobinH at en.wikibooks)

Aunque nadie de su actual familia había tenido problemas de ese tipo, quería asegurarse. Convenció a 10 parientes cercanos para hacerles un PET y que le dieran una muestra de sangre como parte de un proyecto para ver si en su familia había riesgo de padecer enfermedad de Alzheimer. Su esposa, su madre, sus hermanos, sus hijos, todos tenían escáneres normales. Sólo el escáner de su cerebro mostraba un córtex frontal que parecía inactivo, al estilo del de los psicópatas. Hay que ser cautos a la hora de interpretar estos datos, ya que se lleva muy poco tiempo investigando esta zona del cerebro, pero Fallon tiene claro que algunos cerebros predisponen a la violencia y que algunas tendencias psicopátas pueden pasar de una generación a otra.

El siguiente paso de su investigación familiar fue comprobar 12 genes, entre ellos el gen guerrero de la MAO-A. ¿Adivinas quién era el único miembro de la familia que no tenía la variante no agresiva del gen MAO-A? Pues sí, las pruebas genéticas confirmaban que Jim Fallon tenía el patrón de riesgo exacto para convertirse en un asesino. Pero está claro que por alguna razón no ha desarrollado esa conducta, que hace falta algo más que una predisposición genética para que se desencadene ese comportamiento. Ese ingrediente que falta es haber padecido situaciones de extrema violencia en la infancia, algo que, afortunadamente, no pasó en el caso de Fallon. Nadie mejor que él para explicarlo:

A nadie se le escapa las consecuencias que el avance en esta línea de investigación puede llegar a tener el futuro. ¿Hasta qué punto puede llegar a influir en la defensa de un asesino? ¿Explicaría esto el hecho de que algunas zonas del planeta son más violentas que otras?

Para terminar dos recomendaciones:

  • ¿Locura o neurodiversidad? del blog “Neurociencia, neurocultura”, para ponerse al día en la clasificación y definiciones de las patologías mentales, los límites entre comportamiento extremo y patológico, etc., con reflexión incluida.
  • El mal del cerebro: Impresionante y emocionante recorrido por varios ejemplos de trastornos del cerebro, sus causas, terapias y el estado actual de la investigación. Un ejemplo de la importancia de la ciencia y la tecnología para poder entender la complejidad de este órgano y las posibilidades que se abren en el futuro. Un gran documental.

Bibliografía

“Este post participa en el Carnaval de Biología edición especial micro-BioCarnaval, que hospeda @ManoloSanchezA  en su blog Curiosidades de la Microbiología ” 

Este post participa en la V Edición del Carnaval de Humanidades acogido en el blog “Pero eso es otra historia y debe ser contada en otra ocasión“.

photo by: woordenaar
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One thought on “El psicópata, ¿nace o se hace?”

  1. ¡Impresionante! No conocía este estudio. Muy interesante, y también para el Carnaval. Por otra parte, es muy acertada tu reflexión acerca de la discriminación de las personas que padecen un trastorno psiquiátrico: antes se les mandaba a los manicomios, y aunque esa visión ya ha sido desterrada, hay una especie de aversión social a quién tiene una enfermedad psiquiátrica crónica o en algún momento de su vida tuvo un episodio depresivo. Parece que los profesionales médicos ya no intentan ‘etiquetar’ a sus pacientes, pero a nivel de sociedad sí hay casos de discriminación laboral. Aún tenemos que avanzar mucho :P

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