Los mejores navegantes de la historia

Cuando hablamos de pueblos navegantes y exploradores, enseguida pensamos, en vikingos, portugueses, españoles, británicos, franceses, holandeses… Son los que en diferentes periodos de la historia han protagonizado el descubrimiento de nuevas tierras, su exploración, conquista y colonización, y así lo estudiamos en la escuela.

File:Viking Expansion.svg

Asentamientos escandinavos, siglos VIII-XI (Max Naylor para Wikimedia Commons)

Los vikingos llegaron hasta los mares Mediterráneo, Negro y Caspio, se asentaron en Groenlandia y probablemente alcanzaron Norteamérica; los portugueses rodearon África y llegaron hasta Japón; en los imperios español y británico no se ponía el sol… Con unos medios que ahora nos resulta difícil imaginar por rudimentarios, fueron capaces de cruzar miles de kilómetros de océano y mantener rutas comerciales.

Pero hay otro pueblo cuya faceta viajera no es tan conocida, quizás por encontrarse en el otro lado del mundo, y porque su expansión se produjo mil años antes de la Era de los Descubrimientos. Un pueblo que no tiene nada que envidiarles a los europeos en cuanto a distancias recorridas.

El enigma del Pacífico

En sus exploraciones por el Pacífico, el capitán Cook recorrió en el siglo XVIII Tahití, Nueva Zelanda, Australia, la costa noroeste de América, el estrecho de Bering y Hawai. Viendo las similitudes que había entre las poblaciones, tanto de aspecto como de idioma, pensó que podían tener un origen común. También la tradición polinesia hablaba de una tierra ancestral, Havaiiki, sin ubicar. Como en el Pacífico los vientos y corrientes se mueven de este a oeste, lo más probable era que tuvieran su origen en el continente americano. Las fuerzas de la naturaleza les habrían ayudado, como a los navegantes españoles, los primeros europeos en cruzar el Pacífico. Si los españoles querían volver de Filipinas a México, no podían hacerlo en línea recta, sino que tenían que ir hacia el norte, a Japón, y después subir hasta el estrecho de Bering, Alaska y bajar por la costa oeste de Norteamérica. Pensar que los polinesios podrían haber hecho con sus “canoas” lo que no podían los europeos con sus naves, resultaba inverosímil.

File:Pacific Culture Areas.jpg

Polinesia es la mayor de las tres áreas culturales principales del océano Pacífico (Kahuroa para Wikimedia Commons).

Durante mucho tiempo algunos antropólogos occidentales con actitud colonial pensaron que no se necesitaba ninguna prueba del origen americano de los polinesios, ya que, en su opinión, la única forma de que estos pueblos primitivos hubiesen llegado a estas islas era perdiéndose en alta mar mientras pescaban. Pero una cosa es llegar y otra es colonizar las islas, lo que exigiría, según esa teoría, llevarse a la familia y a los animales y plantas domésticas cuando iban a pescar. Y a todo ello añadirle que el registro arqueológico, el idioma, las plantas y los animales domésticos señalan el origen en el sudeste asiático.

El noruego Thor Heyerdahl (1914-2002) fue uno de los antropólogos que más contribuyó a la teoría del origen americano. Para ello se basaba en el cultivo de la batata, de indudable origen en los Andes; similitudes entre idiomas y algo de arqueología, ya que los tocados de la Isla de Pascua se parecen mucho a los de los incas. Para demostrar que esto era posible, en 1947 organizó la expedición Kon-Tiki: construyó una balsa basándose en leyendas incas y se embarcó en Perú con otras cinco personas. Tras 101 días y unos 7.000 km de viaje, las corrientes les llevaron hasta las islas Tuamotu, cerca Tahití. Pero el que se pueda hacer no significa que se hiciera así. Esta teoría del origen de los polinesios nunca fue aceptada por la mayoría de los antropólogos, ya que las pruebas físicas y culturales mostraban que los asentamientos se produjeron de oeste a este, empezando desde el mismo continente asiático.

La prueba definitiva: el ADN mitocondrial

A principios de los 90, con el desarrollo de la genética molecular y las tecnologías de análisis, secuenciación y replicación del ADN, se empezó a utilizar el ADN de las mitocondrias para el análisis genético de poblaciones. Las mitocondrias son las centrales de energía de las células y cuentan con su propio material genético, su propio ADN. A diferencia del ADN de los cromosomas del núcleo celular, que heredamos mitad del padre y mitad de la madre, el ADN de las mitocondrias sólo lo recibimos de nuestra madre. Esto es debido a que, en el momento de la fecundación sólo la cabeza del espermatozoide, con el núcleo y los cromosomas paternos, entra en el óvulo. La cola del espermatozoide queda fuera del óvulo y, con ella, las mitocondrias paternas. Cuando el óvulo empiece a dividirse y formar el feto, se dividirá también el ADN de los núcleos del óvulo y del espermatozoide, pero en el caso de las mitocondrias, sólo se dividirán las de la madre, por lo que el ADN mitocondrial se hereda siempre por vía materna.

File:Mitochondrial DNA en.svg

ADN humano mitocondrial (Mitochondrial_DNA_de.svg: translation by Knopfkind; layout by jhc Wikimedia Commons)

Tanto en el ADN nuclear como en el mitocondrial se producen cambios, mutaciones, a consecuencia de errores en el proceso de copia durante la división celular. Aunque el organismo cuenta con sistemas de reparación de errores, no es perfecto y algunas mutaciones pueden pasar a la descendencia. Mientras que, en el caso del ADN nuclear son pocas las mutaciones que se heredan, en el caso de las mitocondrias ese sistema no es tan eficaz y permiten heredar 20 veces más mutaciones. Como se conoce la frecuencia con las que se producen estas mutaciones (1 cada 10.000 años), podemos calcular cuántos años hace que dos personas tuvieron un ancestro común, en este caso, una tata…tatarabuela, convirtiéndose en un instrumento importante para investigar la evolución humana. Además, en este ADN mitocondrial existe una corta sección donde las mutaciones son especialmente frecuentes, la región de control, lo que simplifica mucho la técnica, ya que no hace falta analizar todo la molécula.

La expansión de los pueblos polinésicos

Con esta técnica genética la colonización de las islas del Pacífico quedó definitivamente esclarecida. Los antepasados de los polinesios habitaban en la costa de China y de Taiwan hace 20.000-30.000 años; hace 3.000-4.000 años empezó una rápida expansión por las islas del sudeste asiático, según indica la cerámica agrícola (estilo Lapita) encontrada por los arqueólogos. Según la información mitocondrial, la expansión por el Pacífico empezó en Borneo y las islas Molucas (Indonesia); después pasó a Hawai por el norte, Rapanui (isla de Pascua) por el este y Nueva Zelanda por el sur. También demostró que la isla de Nueva Guinea estaba habitada desde hace 40.000 años, con las migraciones que poblaron Australia, y que desde allí se habían colonizado la hilera de islas que están a la vista una desde la otra hasta llegar a las Islas Salomón hace 30.000 años.

Hace 3.000 años se produjeron dos adelantos en la tecnología naval de estos pueblos que hicieron posible la expansión por todo el Pacífico: la invención de la canoa de doble casco, tipo catamarán, que permitía alcanzar tamaños de hasta 30 metros sin riesgo de volcar; y el desarrollo de unas técnicas de navegación que les permitían navegar contra el viento y mantener la línea de latitud guiándose por las estrellas. Es una técnica arriesgada, sobre todo en caso de tormentas y, con seguridad, se perderían muchas vidas. Parece ser que utilizaban ciertas señales que revelan la presencia de islas antes de aparecer en el horizonte: nubes sobre las islas altas, la iridiscencia verdeazulada de los atolones se refleja en las nubes en ciertas condiciones, la dirección de vuelo de las aves, restos flotantes, etc. Además cualquier marino experto puede conocer los cambios en las corrientes y en el oleaje cerca de tierra.

File:Priests traveling across kealakekua bay for first contact rituals.jpg

Navegantes polinesios (Hawaianos) en canoa multicasco, ca 1781. Autor: John Webber, artista a bordo del barco de Cook (Wikimedia Commons del libro Grant, Glenn () Hawai`i Looking Back: An illustrated History of the Islands, Mutual Publishing, pp. 454pp.)

De Nueva Guinea pasaron en poco tiempo a Santa Cruz y el archipiélago de las Vanuatu y se detuvieron ante los 750 km que tenían hasta Fiji, Samoa y Tonga. Posteriormente alcanzaron la isla de Pascua hace 1.500 años, y Nueva Zelanda hace 1.200 años. Y probablemente consiguieron llegar hasta Sudamérica como sugiere el cultivo de la batata por toda la Polinesia, aunque no dejaron ninguna huella genética.

Los maoríes de Nueva Zelanda (Aotearoa en su idioma) tienen exactamente el mismo ADN mitocondrial que sus primos de Polinesia, lo que concuerda con la leyenda que cuenta como una flota de grandes canoas partió del centro de Polinesia (quizás Rarotonga, en las islas Cook) y tras recorrer 2.800 km hacía el suroeste, llegó a Aotearoa, una tierra fértil sin humanos y con animales nunca vistos. Estamos hablando, para hacernos idea, de la distancia entre las Islas Británicas y las Canarias sin escalas, lo que significa que cuando emprendieron el viaje debían de tener claro que no volverían a casa. No siguieron la línea de latitud y salieron de la influencia de los vientos alisios, en zonas con vientos poco predecibles. Se cree que llegarían a la costa australiana, aunque no han dejado rastro genético, y que probablemente cruzaron el Índico hasta Madagascar (en estudio), parte de cuya población habla un idioma parecido.

Una gesta digna de ser recordada

Todo esto nos da idea de la magnitud de su exploración marítima y de su pericia marinera. Recomiendo seguir este recorrido de isla en isla con Google Earth, para hacernos idea mejor de los que supuso un viaje de 2.000 años, cruzando un océano de más de 10.000 km en grandes canoas, pero canoas al fin y al cabo, colonizando cientos de islas y llegando a establecer contacto con los incas, de los que aprendieron, entre otras cosas, el cultivo de la batata, aproximadamente cuando los vikingos controlaban los mares y grandes ríos de Europa.

Ruta Nueva Guinea-Tahití-Nueva Zelanda

Rutas Nueva Guinea-Tahití e Islas Cook-Nueva Zelanda, con distancias aproximadas entre islas

En el caso de los europeos, los viajes se realizaban siguiendo la costa, como vikingos y portugueses, o bien buscando nuevas rutas hacia tierras conocidas como los españoles con las Indias, y descubriendo América por casualidad. ¿Qué empujó a los polinesios a embarcarse hacia lo desconocido? ¿El hambre y la falta de recursos? ¿La competencia entre grupos humanos? ¿Fue una huida a la desesperada? Sin duda, para hacer estos viajes tuvieron que pagar un alto precio en vidas durante muchas generaciones, y sin embargo siguieron lanzándose mar adentro, aparentemente sin tener ni idea de adónde iban.

Quizás nunca sepamos su motivación, pero gracias a la arqueología y la genética, ahora conocemos más de los polinesios, de su historia y su cultura, y es justo que europeos y occidentales reconozcamos sus méritos y su derecho a ser protagonistas de una parte de la Historia, la de la Era de los Descubrimientos.

La información de este post procede del libro de Bryan Sykes “Las siete hijas de Eva” , donde este científico explica el desarrollo de la técnica de análisis del ADN mitocondrial y su utilidad para describir la evolución de poblaciones humanas. Además del origen de los polinesios describe la aplicación a investigaciones como la del Hombre de los Hielos encontrado en los Alpes, o para descartar que Anna Anderson era Anastasia, la hija del zar. Finalmente establece 7 mujeres, 7 linajes de los que descendemos todos los europeos, describiendo su lugar de origen, características y evolución. Un libro recomendable para todos los públicos.

 

“Este post participa en el Carnaval de Biología edición especial micro-BioCarnaval, que hospeda @ManoloSanchezA  en su blog Curiosidades de la Microbiología “

“Este post participa en la V Edición del Carnaval de Humanidades acogido en Pero eso es otra historia“.

Print Friendly

4 thoughts on “Los mejores navegantes de la historia”

    1. Sí que es interesante, la verdad es que todo el libro, porque da detalles de como se ha desarrollado la técnica, y como, un poco de casualidad, se metió con el origen de los polinesios. Tras ver que funcionaba empezó con los europeos y llegó a la conclusión que descendemos de 7 mujeres, cuyos linajes se extendieron por toda Europa en diferentes momentos de la Historia. También habla de las disputas entre científicos a la hora de presentar los resultados con una nueva técnica que deja en evidencia teorías anteriores. En definitiva, un libro completo y que no hace falta ser de ciencias para entenderlo.

  1. ¡Muy bueno! Yo también me apunto al libro. Es una historia interesantísima en la que has conseguido unir ciencia y humanidades, ¡gracias! :)

Leave a Reply