El almirante eunuco y su flota del tesoro

En el anterior post Los mejores navegantes de la historia, atribuí a los polinesios ese mérito por haberse expandido a lo largo y ancho del vasto océano Pacífico, colonizando multitud de islas, mucho antes de que los descubridores europeos abandonasen sus costas. Además quise dar a conocer sus logros, ya que nunca aparecen en los libros que describen la Era de los Descubrimientos.

Hoy traigo otro episodio poco conocido de un gran explorador y navegante, pero esta vez fueron sus propios compatriotas quienes se encargaron de borrar su legado de los archivos imperiales.

Una familia musulmana al servicio de los mongoles

Ma He nació en 1371 en la ciudad china conocida actualmente como Jinning, en la provincia de Yunnan. Su nombre es indicativo de pertenecer a la etnia Hui, de origen musulman (Ma es la versión china de Mohammad). Su tatara-tatara-tatara-tatarabuelo había sido el gobernador persa de la provincia bajo el emperador mongol Kublai Khan, fundador de la dinastía Yuan, que gobernó China de 1279 a 1368.

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Familia Hui durante una celebración musulmana (Cecikierk para Wikimedia Commons)

Su padre y su abuelo eran Hajji, título honorífico de quienes habían peregrinado a La Meca, y se mantuvieron leales a la dinastía Yuan incluso cuando las fuerzas rebeldes de la dinastía Ming ya habían conquistado la mayor parte de China.

En el otoño de 1381 el ejército Ming invadió y conquistó Yunnan, y como consecuencia de las heridas de la batalla, su padre Ma Hajji murió. Parece ser que el general invasor Fu Youde se encontró con Ma He en la carretera y le preguntó por el paradero del pretendiente al trono mongol. Ma He, que en aquel momento tenía 10 años, le contestó desafiante que se había tirado al lago. El general le hizo prisionero, le castró, le envió a Beiping (actual Beijing) y le puso al servicio de Zhu Di, príncipe de Yan, y 11 años mayor que él.

Allí se ganó la confianza del príncipe y tuvo acceso a la educación, algo que no hubiese sucedido de haber estado en la capital imperial Nanjing, ya que el emperador Hongwu no confiaba en los eunucos y prefería mantenerlos iletrados. Beiping estaba cerca de la frontera norte, donde se localizaban las tribus mongolas hostiles. En este ambiente se hizo soldado, participando en las campañas del ejército de Zhu Di manteniendo a raya a los mongoles.

Su aspecto era imponente: más de dos metros de altura, mirada penetrante y voz profunda. Hábil en la lucha y en las tácticas militares y conocedor de la doctrina de Confucio y Mencio, pronto se convirtió en uno de los confidentes más cercanos del príncipe.

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Monumento del almirante Zheng He en  Stadthuys, Malasia (Hassan Saeed para Wikimedia Commons).

En 1398 murió el primer emperador de la dinastía Ming, tras haber nombrado sucesor a su nieto Zhu Yunwen. Al príncipe Zhu Di no le hizo ninguna gracia y atacó a su sobrino en 1399, teniendo a Ma He como uno de sus comandantes. En 1402 Zhu Di capturó la capital imperial Nianjing y se coronó como el emperador Yongle. No se sabe con seguridad si el emperador Zhu Yunwen murió o escapó. Como recompensa a su lealtad y bravura, Ma He recibió una mansión en la capital y el sobrenombre honorífico Zheng, por haberse distinguido en la defensa de los almacenes de Zhenglunba en la ciudad de Beijing durante el asedio de las tropas imperiales.

El nuevo emperador afrontó denuncias de ilegitimidad, por la forma en que había accedido al trono y el posible asesinato de su sobrino. Según la tradición confuciana siempre deben heredar el hijo primogénito y sus descendientes, mientras que el emperador Yongle era el cuarto hijo. Los eruditos de la corte rehusaron apoyarle, por lo que sólo podía confiar en su guardia de eunucos, y principalmente en Zheng He. Para asegurar el trono y convencer a sus súbditos de su legitimidad, inició grandes proyectos en su imperio, como la reparación del Gran Canal entre los ríos Amarillo y Yangtze, así como otros a escala internacional.

Las siete expediciones (1405-1433)

Durante la dinastía Han (206 a.C. – 220 d.C.) se habían establecido rutas comerciales por varias zonas del Índico. Posteriormente, en el siglo XIV, durante la dinastía Yuan, el comercio chino-árabe había ampliado el conocimiento chino del mundo, especialmente hacia Arabia y África. En este contexto, el emperador Yongle, saltándose las reglas de la familia Ming que prohibían viajar a Occidente (el Huangming zuxun), patrocinó entre 1405 y 1433 siete expediciones navales. Su objetivo era establecer la presencia china e imponer el control imperial en el comercio del Océano Índico, intimidar a los habitantes de estas costas y extender su sistema tributario.

Zheng He fue designado almirante de la enorme flota y de las fuerzas armadas que realizaron las expediciones. Los preparativos fueron hechos a gran escala, incluso se creó en Nanjing un Instituto de Lenguas Extranjeras para formar traductores.

El primer viaje partió en 1405 de Suzhou y constaba de 317 barcos y casi 28.000 tripulantes. Recorrió Brunei, Tailandia, Sudeste de Asia, India, el cuerno de África y Arabia, intercambiando mercancías.

Aunque habitualmente utilizaba la diplomacia, no evitaba las muestras de fuerza del ejército chino. De esta forma consiguió la sumisión de posibles enemigos y limpió de piratas las costas del sudeste asiático; negoció acuerdos comerciales, instauró reinos-títere, y regresó con tributos para el emperador en forma de joyas, medicinas y animales exóticos. La jirafa fue considerada en China como un “qilin”, criatura mitológica, y tomada como prueba del favor del cielo con su administración.

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Pintura de la dinastía Ming, 1414 (Wikimedia Commons).

Aunque fue educado como musulmán, y visitó las ciudades sagradas del Islam, sus creencias eran bastante eclécticas. Él y su tripulación veneraban a Tianfei, princesa celestial y protectora de marinos y pescadores. Según la leyenda, Tianfei era una joven que vivió en el siglo X y que era capaz de predecir el futuro, lo que le permitió avisar a su hermano pescador de la llegada de una gran tifón y salvarle la vida. Tras sobrevivir a una fuerte tormenta en su primer viaje, Zheng He y su tripulación atribuyeron a Tianfei su salvación y en 1407, el almirante se encargó de la reconstrucción de un templo dedicado a ella, en la ciudad natal de la diosa, Meizhou.

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Wikimedia Commons

La Flota del Tesoro

La labor más famosa de Zheng He al servicio de su señor y por la que es recordado, es la de haber sido comandante en jefe de la flota del tesoro y el diplomático jefe en la cuenca del Océano Indico. A los 37 años, Zheng He se había convertido en el eunuco que más alto había llegado en la historia de China. El emperador puso bajo su mando 317 naves, 27.000 hombres en su primer viaje en 1405. Si con estos números te sorprende la magnitud de la flota, espera a ver las características de los barcos.

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Grabado chino de principios del siglo XVII, que se cree representa los barcos de Zheng He (Wikimedia Commons).

  • El buque insignia y otros de los más grandes juncos de la flota eran enormes comparados con las naves europeas de la época: la carabela Santa María de Colón tenía entre ¼ y 1/5 del tamaño del barco de Zheng He.
  • Los barcos más grandes de la flota eran los baoshan (barcos del tesoro), entre 134 y 160 metros de eslora y 64 de manga, y desplazaban 20-30.000 toneladas, aproximadamente entre 1/3 y ½ de un portaviones moderno; nueve mástiles con velas cuadradas que se podían ajustar en serie para maximizar la eficiencia en diferentes condiciones de viento. En su primer viaje la flota contaba con más de 60 de estos barcos, y en el de 1419 con 41 más.
  • Los machuan (barcos caballo): ocho mástiles, aproximadamente 2/3 de los baoshan, 103 x 42 metros y transportaban caballos, madera para las reparaciones y tributos de las regiones ocupadas.
  • Los liangchuan (barcos de grano) de siete mástiles, 78 x 35 metros, transportaban arroz y otros alimentos.
  • Los zuochuan (barcos de tropas) de seis mástiles, 67 x 25 metros.
  • Los zhanchuan (barcos de guerra) de cinco mástiles, de 50 metros de largo, estaban diseñados para ser maniobrables en la batalla, a pesar de ser dos veces más largos que la Santa María de Colón.

La flota incluía botes patrulla y tanques de agua, muchos de los cuales eran a remo. La visión desde la costa de una flota con el número y el tamaño de estos barcos debía impresionar a cualquiera.

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Maqueta de barco del tesoro de la dinastía Ming comparado con uno de Colón (Lars Plougmann para Wikimedia Commons).

La muerte del emperador Yongle y el viaje final

Cuando el emperador Yongle murió en 1424, Zheng He había realizado ya seis viajes y traído incontables emisarios de muchos países extranjeros a inclinarse ante su señor, pero el coste de las expediciones estaba haciendo mella en el tesoro chino. Además, los mongoles y otras tribus del norte y oeste de China amenazaban sus fronteras. El prudente hijo mayor de Yongle se convirtió en el emperador Hongxi y ordenó la paralización de la construcción y reparación de la flota del tesoro. Ferviente confucionista, prefirió dedicar los recursos necesarios para mantener las expediciones en controlar a los mongoles y alimentar las provincias afectadas por hambrunas.

Su gobierno apenas duró nueve meses, ya que murió ese mismo año. Su hijo de 26 años se convirtió en el emperador Xuande. Quiso mantenerse en un término medio entre su volátil abuelo y su precavido y erudito padre y decidió relanzar de nuevo la flota del tesoro y a su comandante Zheng He. Tras una reparación intensiva, la flota, la más grande de las siete, pudo zarpar en 1432, cuando su comandante contaba con 61 años. Recorrió toda la costa del Indico hasta Malindi en Kenia, parando en los puertos comerciales. En el viaje de vuelta llegaron a Calcuta donde falleció Zheng He.

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Tumba de Zheng He en Nanjing (Peter Pang para Wikimedia Commons).

El legado de Zheng He

Sus barcos navegaron desde las Filipinas hasta Mozambique, incluso algunos creen que llegó a doblar el cabo de Buena Esperanza y otros que alcanzó América antes que Colón. Lo que está claro es que estableció rutas comerciales, intercambio de culturas y tecnologías, facilitando el tráfico marítimo y favoreciendo el desarrollo económico de esos países. Su poderosa armada impresionó a los navegantes árabes y también a los venecianos, que viajaban entre el estrecho de Ormuz y Aden en Yemen.

Repartieron mercancías chinas tradicionales por todos estos países: brocados, gasas y otros tejidos, así como nuevos tipos de porcelanas y esmaltes. Durante la dinastía Tang (618-917 d.C.) se había desarrollado la técnica de sinterizado del vidrio, lo que le daba mayor resistencia, pero fue tras los viajes de Zheng He, cuando se empezó a añadirle bórax para hacerlo resistente a los cambios bruscos de temperatura.

El sinterizado se utiliza para crear objetos a partir de polvo, sin necesidad de llegar al punto de fusión del material. El polvo se deposita en el molde y se calienta sin llegar a la fusión; los átomos de la superficie de las partículas del polvo se difunden con los de las partículas contiguas, fundiendo las partículas y creando una sola pieza.

El bórax es borato de sodio, una sal blanca compuesta de ácido bórico, sosa y agua, que se encuentra en las playas y en las aguas de varios lagos de China, Tíbet, Ceilán y Potosí, y también se prepara artificialmente. Actualmente se utiliza como componente de detergentes, cosméticos y para capas de esmaltes. En bioquímica se usa para soluciones tampón, así como retardante del fuego y antifúngico en la fibra de vidrio. A Arabia llegaba desde el Tíbet por la ruta de

794px Borax unit cell 3D balls El almirante eunuco y su flota del tesoroEstructura del bórax (Ben Mills para Wikimedia Commons).                                                                                              

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Cristales de bórax (Aram Dulyan para Wikimedia Commons).

Zheng He llevó a China artesanos árabes para enseñar la nueva tecnología, y desde entonces este tipo de vidrio se produjo en grandes cantidades y se convirtió en utensilio común.

Zheng He también volvió con materiales de construcción, combustibles y artículos exóticos. La jirafa y cebra africanas se convirtieron en animales decorativos de los Jardines Imperiales. Sus ayudantes escribieron libros como Notas de Viajes de Países Extranjeros, Corografía de los Países Occidentales, etc., en los que describían las condiciones geográficas y naturales, costumbres locales, economías y formas de vida de esos países y regiones, extendiendo la visión de los chinos y aumentando su conocimiento sobre el extranjero.

¿Por qué no continuaron las expediciones?

Aunque en la actualidad se considere a Zheng He como el principal navegante chino de la historia, los eruditos confucionistas hicieron grandes esfuerzos por enterrar la memoria del almirante eunuco y los rastros de sus viajes. Temían el regreso de los derroches en expediciones, algo que intentó en 1477 otro eunuco de la corte. Cuando pidió los archivos de los viajes de Zheng He, el responsable le dijo que se habían perdido. Su legado se conservó gracias a algunos miembros de su tripulación, así como por las construcciones y monumentos que dejaron en las ciudades por donde pasaron.

Hay que tener en cuenta que, a diferencia de los navegantes europeos, el objetivo principal de Zheng He no era descubrir tierras y establecer rutas comerciales para vender la seda y porcelana chinas. En China ya se conocían todas estas tierras (sus antepasados habían peregrinado a La Meca) y los comerciantes extranjeros ya iban a China a por sus productos. Además, según Confucio, los comerciantes eran parásitos que se aprovechaban del trabajo de los granjeros y artesanos, por lo que estaban en la escala social más baja. Por tanto, el objetivo de la flota era asombrar y dar muestra de la grandeza de China y del poder de su emperador, y bajo esa amenaza, conseguir tributos para la dinastía Ming. Por eso, cuando las aventuras de la flota del tesoro empezaron a hacer mella en las finanzas del imperio, y teniendo en cuenta que China era autosuficiente, los sucesivos emperadores de la dinastía Ming no sólo dieron por finalizadas estas expediciones, sino que trataron de hacer que se olvidaran, como si el emperador Yongle no hubiese roto el Huangming zuxun.

Por otro lado, algunos historiadores de la ciencia, como Klaus Jaffé, consideran que fueron las políticas nacionalistas y xenófobas, y el miedo de las élites confucionistas al intercambio de cultura y tecnología, los que forzaron el fin de la flota del almirante eunuco. Como hemos visto, en los años que duraron estos viajes se produjeron gran cantidad de adelantos en conocimientos y tecnología, y se ampliaron las tierras conocidas en África y Oceanía. Al abandonar las exploraciones marítimas se abortó el comercio internacional de China y se detuvo su desarrollo, cerrándose al exterior y sin apenas progreso prácticamente hasta el siglo XIX. No hay que olvidar, que durante la Edad Media los centros de desarrollo científico y tecnológico habían estado en los reinos musulmanes y China, mientras que tras el Renacimiento fue en los reinos europeos donde se produjeron los avances científico-tecnológicos que les convirtieron en potencias.

¿Qué hubiese pasado si…?

Por último, viendo lo que llegó a conseguir Zheng He en esos 28 años de control del Océano Índico, inmediatamente surge la pregunta de qué hubiese pasado si, cuando Vasco da Gama llegó a estas costas 60 años después, se hubiese encontrado con una flota de 250 juncos de varios tamaños, pero todos bastante más grandes que su buque insignia. ¿Las potencias europeas habrían podido llegar a establecer sus colonias en África y Asia? ¿Hubiesen alcanzado el estatus de potencias gracias a su mayor desarrollo tecnológico frente a los reinos asiáticos? ¿O por el contrario habría sido China la que habría llamado unos años después a las puertas de Europa?

Nunca lo sabremos, pero no puedo evitar comparar estos hechos con la situación actual de parón en la investigación científica y sus consecuencias futuras.

Os dejo con este video Zheng He, el Gran Viajero (en inglés) con un breve resumen de sus viajes.

 

Referencias

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Esta entrada participa en el XXV Carnaval de la Química alojado en el blog “ISQCH – Moléculas a reacción”

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Este post participa en la V Edición del Carnaval de Humanidades acogido en “Pero eso es otra historia“.

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