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Las dos caras de la ciencia y una guerra que cambió el mundo

Estos días se cumple el centenario del inicio de la 1ª Guerra Mundial, conocida como la Gran Guerra. Considerada la primera guerra moderna, alcanzó tal magnitud que podemos decir que cambió el mundo, y, de hecho, algunos historiadores establecen aquí el final efectivo de las tradiciones decimonónicas y el comienzo de la sociedad moderna del siglo XX. La crueldad que las nuevas tecnologías aportaron al arte de la guerra sorprendió a los mismísimos generales de ambos bandos, que preveían un enfrentamiento rápido, de pocos meses: El disparo que mató a Europa

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“Momento en que los archiduques de Austria, después del primer atentado de que fue(r)on víctimas, llegaron al Ayuntamiento, á cuyas puertas fueron recibidos por el alcalde y la corporación municipal”,  Mundo Gráfico, 15 de julio de 1914, página 21. (Wikimedia Commons)

En este magnífico artículo de El País Catorce herencias que cambiaron el mundo, varios periodistas europeos repasan las consecuencias que esta enorme tragedia nos dejó, algunas de las cuales han sido para bien, otras, no tanto: decisiones geopolíticas como el avispero de Oriente Medio, siempre de (triste) actualidad; cambios socieconómicos, como el movimiento obrero y la pérdida de status de la aristocracia británica; avances en movimientos sociales como la emancipación de la mujer y el pacifismo; y el surgimiento de patriotismos exacerbados y del militarismo como única forma de solucionar conflictos.

Si en todas las épocas la disponibilidad exclusiva de alguna tecnología podía suponer la superioridad militar sobre el enemigo, nunca como en esta guerra se vio tan claro. Los mandos militares, grandes conocedores de las guerras napoleónicas y experimentados en las guerras coloniales, no se imaginaban lo que supondría enfrentarse a un enemigo bien organizado y con la última tecnología bélica. Poco tenían que hacer las tradicionales cargas de la caballería ante la potencia de la nueva artillería y los nuevos carros de combate de 28 toneladas. Los aviones y submarinos extendían la lucha a nuevos campos de batalla impensables hasta entonces. Y los bombardeos sobre civiles fueron una pequeña muestra de lo que vino después en la 2ª Guerra Mundial.

Eerste Wereldoorlog, loopgraven
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Pero junto con las trincheras y el alambre de espino, la innovación armamentística más conocida de este periodo fueron las armas químicas. Su triste fama no fue tanto por el número de muertes provocadas como por el horror generado. Son las primeras armas de destrucción masiva, que no discriminan civiles de militares, y que provocan terribles sufrimientos.

Eerste Wereldoorlog, luchtoorlog
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Se considera a Fritz Haber el “padre de las armas químicas”. Este químico alemán, alumno de Robert Bunsen en la Universidad de Heidelberg, recibió el premio Nobel en 1918 por haber desarrollado, junto con Carl Bosch, el método para sintetizar amoniaco a partir de hidrógeno y nitrógeno. El proceso denominado Haber-Bosch permite sintetizar en el laboratorio diversos compuestos nitrogenados, como fertilizantes y explosivos. Es clara su importancia: en la actualidad, la producción de comida de medio mundo depende de este sistema para producir fertilizantes; por otro lado, esta forma de producir explosivos fue una importante aportación de este químico, la primera, al arsenal alemán.

Diagrama de la energía potencial para la síntesis de amoniaco (Wikimedia Commons).

Haber estaba casado con una colega, Clara Immerwahr, la primera mujer que había conseguido un doctorado en Alemania. De padre también químico, Clara conoció a Fritz con 20 años, y a pesar de estar enamorada, no quiso casarse porque quería ser independiente económicamente. Con no poco trabajo había conseguido que la admitieran en la universidad en 1895, y cinco años después era doctora en química. Trabajó un tiempo como investigadora y dio clases de “Física y química en casa” en organizaciones e institutos femeninos. Lamentablemente, tras su boda en 1901, no pudo compaginar su carrera con la vida familiar. La poca ayuda de su cónyuge, un embarazo difícil y un hijo enfermizo, la forzaron a quedarse en casa. Pero lo que sí pudo hacer fue ayudar a su marido con sus investigaciones y sus publicaciones. En cualquier caso, eso no era suficiente para ella, y su desesperación aumentaba en la misma medida que los éxitos de su marido. No podía soportar la personalidad dominante de Haber y su apasionada dedicación a la guerra química, condenaba lo que consideraba una perversión de los ideales científicos, y le pidió reiteradamente que dejara ese trabajo.

Clara Immerwahr, 1870-1915 (Wikimedia Commons).

Haber, por su parte, estaba empeñado en demostrar su patriotismo alemán, algo que algunos ponían en duda (era de origen judío y convertido al luteranismo, como su esposa), y siguió dedicado a esa labor en cuerpo y alma. Desarrolló máscaras de gas con filtros adsorbentes y dirigió los grupos que sintetizaron el gas cloro y el gas mostaza, usados en la guerra de trincheras. Dirigió varios ataques con gases, en los que también participaron otros futuros premios Nobel como James Franck (Física, 1925), Gustav Hertz (Física, 1925) y Otto Hahn (Química, 1924). Entre ellos destaca el primer ataque de todos, el realizado con gas cloro en 1915 en la localidad belga de Ypres. El éxito de la nueva arma le valió el título de capitán y las alabanzas de los periódicos, pero cuando llegó a casa se encontró con otra batalla, la última que libró con su mujer. La noche del 2 de mayo de 1915, Clara cogió la pistola de su marido, se fue al jardín y se disparó en el corazón. Parece que fue su hijo de 13 años el que oyó el disparo y avisó a su padre. A la mañana siguiente, el químico alemán partió hacia el frente oriental, a dirigir los ataques con gases contra los rusos.

Gas Defence
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Fritz Haber fue muy criticado por su implicación en el desarrollo de armas químicas, y se le puede considerar un símbolo de la ambivalencia de la actividad científica: por un lado, la síntesis de amoniaco para elaborar explosivos y la aplicación de gases tóxicos para la guerra; por otro, el desarrollo de fertilizantes e insecticidas, sin los cuales el suministro mundial de comida en la actualidad se vería muy limitado.

Fritz Haber, 1868-1934 (Wikimedia Commons).

Vicente Blasco Ibáñez, en su novela Los cuatro jinetes del Apocalipsis (1916), describe de forma extraordinaria todo el ambiente de la preguerra y la barbarie del frente de batalla. Las ideas de supremacía racial (que después darían lugar al nazismo) y el desarrollo tecnológico como forma de garantizar la superioridad militar, frente a los conceptos de libertad e igualdad surgidos de la Revolución Francesa; el materialismo científico frente a la espiritualidad de la cultura clásica greco-latina.

Como continuación a lo sucedido en la Gran Guerra, en la Segunda Guerra Mundial también quedó claro el papel que, en adelante, jugarían los desarrollos científico-tecnológicos en los conflictos bélicos. Incluso se vio que podían llegar a acabar con la civilización. La preocupación de muchos científicos por la aplicación de sus descubrimientos para la guerra era patente. El más conocido es la solicitud que, en junio de 1945, varios de los investigadores que desarrollaron la bomba atómica hicieron llegar a la Casa Blanca. En el conocido como Informe Franck (del que hablo en el post en euskera Franck txostena: zientzialarien erantzukizuna eta demokrazia), así llamado por haber sido coordinado por el ya citado premio Nobel James Franck, se pedía al Presidente que no utilizase estas armas por las repercusiones que ese hecho podía tener en el futuro. Como es sabido, Truman no les hizo caso y las predicciones hechas por los científicos se cumplieron.

James Franck, 1882-1964 (Wikimedia Commons).

En el caso de los avances científicos y tecnológicos, la discusión continúa, ya que su aplicación sigue generando fuertes polémicas (organismos transgénicos, células madre, drones…), y probablemente así será siempre. Pero en el caso de la política internacional parece que la situación ha cambiado menos todavía, tal y como explica Txema Montero en este artículo: La guerra que no hubo que hacer. Es triste que sean las guerras los eventos que marquen los cambios de época. Quién sabe qué hito tomarán los historiadores del futuro como inicio del siglo XXI: ¿la determinación de la secuencia completa del genoma humano o, por el contrario, el atentado de las torres gemelas y la guerra de Irak?

Actualización 7/7/2014: Aquellos ingeniosos cacharros de la Primera Guerra Mundial,  vía sinc.

Actualización 13/8/2014: Un nuevo proceso más eficiente y limpio para fabricar amoniaco, vía Next.

Referencias

  • “Lunatikoak”, Egoitz Etxebeste. Elhuyar, 2013.
  • “Report of the Committee on Political and Social Problems (The Franck Report)”. Manhattan Project “Metallurgical Laboratory”, University of Chicago, June 11, 1945.
  • http://en.wikipedia.org/

Esta entrada participa en el XXXVII Carnaval de la Química – Edición Rb – alojado en el blog “ISQCH – Moléculas a reacción”

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Esta entrada participa en la XI Edición del Carnaval de Humanidades, cuyo blog anfitrión es SCIENTIA

Una excursión muy completa: naturaleza, historia, ciencias, literatura…

Para la mayoría de las personas de nuestra sociedad, inmersos en una cultura urbana cada vez más tecnológica, el paisaje natural que les rodea pasa normalmente desapercibido. Los urbanitas casi ni se fijan en los árboles de las aceras que a duras penas sobreviven en un ambiente hostil para ellos; los paseantes habituales por los parques urbanos quizás perciban el diferente efecto del paso de las estaciones en las especies de hoja caduca y perenne; muy pocos serán capaces de nombrar los árboles y arbustos que ven, y mucho menos si es una especie autóctona o foránea. Quizás, a finales de invierno, cuando se celebra el Día del Árbol, les puede surgir la necesidad de hacer algo por la naturaleza, decidan plantar un árbol, se fijen en si es un roble, cerezo o castaño, y sientan que les gustaría volver dentro de 50 o 100 años y ver en qué se ha convertido este palito que ahora tienen entre manos.

Aunque la mano del hombre ha alterado en gran medida la naturaleza, es posible que cerca de nuestras ciudades todavía podamos disfrutar de algún resto del bosque original, e incluso en las áreas que albergan o han albergado alguna actividad humana, podamos observar una gran variedad de especies vegetales y animales. A veces incluso podemos asombrarnos con la capacidad de la naturaleza para recuperar zonas en las que, durante muchos años, la mano humana eliminó su presencia para obtener materias primas, como en el caso de la minería.

Se conoce como vegetación potencial de un lugar la vegetación que existiría en el caso de que el ser humano no hubiese actuado sobre esa parte de la naturaleza. Son muchos los factores que determinan la vegetación: el clima actual y pasado, la altura sobre el nivel del mar, la orografía que lo circunda, la presencia de herbívoros… En este mapa de la Península Ibérica vemos que en la costa del Atlántico-Cantábrico predominarían los bosques de robles, hayas y alisos; en la costa mediterránea los algarrobos, palmitos y pinos carrasco; en la costa portuguesa y adentrándose en la zona sur de la meseta los bosques originales serían de encinas y alcornoques; en la meseta norte las encinas, rebollos y quejigos; en la banda de los Pirineos predominan las especies adaptadas a las alturas como abeto, pino negro y haya; y por último, en el valle del Ebro se forma un mosaico donde se mezclan especies del litoral mediterráneo, de las dos mesetas, junto con especies adaptadas al frío y la aridez, como la retama y la aulaga, y zonas mixtas.

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Vegetación potencial de la Península Ibérica (Wikimedia Commons)

Pero como hemos dicho, esta es la vegetación que existiría si las actividades humanas no la hubiesen alterado. Podemos decir que esta es la distribución de los bosques que se encontraron los romanos cuando invadieron la Península Ibérica, ya que las actividades de las poblaciones humanas autóctonas apenas habían modificado su entorno.

Para hacernos idea del grado de alteración del territorio por el ser humano, y en concreto de la vegetación, vamos a hacer una pequeña excursión por los alrededores de una ciudad. Veremos a pocos kilómetros del centro urbano una gran variedad de especies vegetales, entre las huellas de las actividades humanas de las diferentes épocas históricas.

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Museo Marítimo y Palacio de Congresos y de la Música, en el lugar donde se encontraba el astillero Euskalduna hasta 1985.

La ciudad elegida como punto de partida es Bilbao, una ciudad que empezó a crecer a finales de la Edad Media, gracias al comercio con diferentes puertos de Europa.(1) Se exportaba la lana castellana y el hierro vizcaíno y se importaban manufacturas de Inglaterra y los Países Bajos. También fueron importantes sus astilleros, gracias a la cercanía de los bosques y las minas de donde se obtenía la madera y el hierro necesarios para construir galeones, navíos de guerra, de correo y de mercancías para la ruta con las Indias. Los recursos naturales necesarios tanto para las actividades industriales como para el crecimiento y mantenimiento propios de la ciudad se obtenían del entorno que le rodeaba. Bilbao se encuentra en el fondo de un estrecho valle rodeado por montes de diferentes alturas, y lo atraviesa el río Nervión que se abre en un estuario hasta desembocar en el mar Cantábrico. Por ello, empezaremos nuestra excursión subiendo a uno de estos montes para poder tener una perspectiva más amplia del paisaje.

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La Torre Iberdrola asoma entre los restos de niebla; detrás, las luces de la mañana se reflejan en el Museo Guggenheim y delante, el Palacio Euskalduna y el nuevo estadio de San Mamés en construcción.OLYMPUS DIGITAL CAMERA

 

Desembocadura del río Nervión en el mar Cantábrico

Cuando vemos la ciudad desde aquí empezamos a notar una sensación que no teníamos cuando recorremos sus calles, entre los edificios y las aglomeraciones de gente. Parece como si de repente nos hiciésemos más pequeños al contemplar a otra escala el tamaño de las construcciones humanas comparadas con la orografía del territorio donde se asientan.

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(Wikimedia Commons)

“Muchas veces, contemplando desde el alto de la cordillera de Archanda mi nativa villa de Bilbao, he pensado que ha ido achicándose, a pesar de su ensanche, a medida que he ido creciendo yo. En un tiempo un paseo a Asúa, al otro lado de la cordillera, me parecía expedición de novela de Julio Verne, tiempo en que engaitábamos al que se iba a pasar unos días a Abadiano, y en que al jactarse cualquiera de nosotros de haber visto más pueblos que cualquiera de sus compañeros, citaba a Deusto, Portugalete, Alonsótegui, Galdácano, Derio o Arrigorriaga.” Recuerdos de niñez y de mocedad, Miguel de Unamuno 1908.

En esta mañana de otoño podemos ver con claridad la costa cantábrica, mientras que la niebla se acumula todavía en los valles interiores.

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Ascendemos la fuerte pendiente entre repoblaciones de eucaliptos. El género Eucalyptus lo componen más de 700 especies, la mayoría nativas de Australia y donde predominan sobre el resto de especies arbóreas. Actualmente se cultiva por todas las áreas tropicales y templadas del mundo, ya que la mayoría de las especies no toleran las heladas. En Bizkaia se cultiva el eucalipto colorado (Eucalyptus camaldulensis Dehnh) y el eucalipto azul de Tasmania (Eucalyptus globulus Labill). Su madera tiene varias aplicaciones aunque aquí se utiliza básicamente para la obtención de pasta de papel. Sus hojas son ricas en aceites esenciales, principalmente en la sustancia eucaliptol o cineol, que posee propiedades antisépticas y balsámicas, y se destina a las industrias farmacéutica y confitera (caramelos).

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Molécula del eucaliptol (1,8-cineol) (Wikimedia Commons)

En medicina popular con las hojas se preparan infusiones e inhalaciones para combatir los catarros y bronquitis. Recientes estudios han demostrado cierta acción hipoglucemiante debido a unos compuestos, los caliptósidos, por lo que puede tener utilidad en el tratamiento de la diabetes. Los caliptósidos son heterósidos, un conjunto de sustancias orgánicas que poseen uno o varios azúcares combinados con otro compuesto denominado genina.

También es importante para la elaboración de miel por producir abundante néctar y polen incluso en invierno, época crítica para el abastecimiento alimentario de las abejas.

Su rentabilidad se debe al rápido crecimiento y a la capacidad para rebrotar tras talas e incendios. Esa enorme fuerza hace que crezca en densas formaciones que excluyen a cualquier otra especie. Además, la hojarasca que se acumula en el suelo es rica en las sustancias antisépticas ya comentadas y afectan a la flora microbiana del suelo. Como consecuencia de todo ello, una vez establecido es muy difícil que la vegetación natural sea capaz de desplazar al eucalipto. También se han observado efectos nocivos en los invertebrados acuáticos de las corrientes donde se acumula esta hojarasca.

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Por último, sus largas raíces son capaces de absorber grandes cantidades de agua y pueden llegar a hacer desaparecer arroyos y manantiales, con gran impacto en el resto de la flora, la fauna y las actividades humanas que dependen de este recurso. De hecho, se utiliza para desecar zonas pantanosas, siendo especialmente útiles en los países afectados por la malaria ya que permiten eliminar los focos de mosquitos que transmiten esta enfermedad.(*)

Entre los eucaliptos podemos ver, en la ladera de enfrente, el mayor vertedero de residuos urbanos de Bizkaia, en el paraje conocido de Artigas. Dentro todavía del municipio de Bilbao, pero en el valle del río Cadagua que nace en la provincia de Burgos y recorre la comarca vizcaína de Encartaciones.

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Bajo las terrazas formadas por la compactación de las basuras, vemos dos edificios. El situado en la cota más baja corresponde a la planta de tratamiento de lixiviados, que evita que las aguas de escorrentía contaminadas por los residuos vayan a parar al río. También en este edificio hay un centro de interpretación donde el visitante puede conocer como se realiza la gestión de los residuos urbanos. En el edificio construido al pie de las terrazas se encuentra una planta de compostaje. Muy cerca de allí, en la ladera contigua del monte Arraiz y en el hueco abierto por una antigua cantera, podemos ver la planta de valorización energética de residuos de Zabalgarbi, es decir, una incineradora de basuras con producción de electricidad (ver este post); a su derecha asoma una parte del nuevo edificio de tratamiento mecánico-biológico de residuos urbanos. Estas infraestructuras se encargan de dar solución en el territorio de Bizkaia a uno de los principales impactos ambientales generados por las sociedades desarrolladas: la producción de residuos.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAAquí podemos ver la ubicación de estas instalaciones con respecto al pueblo de Alonsotegi. A la izquierda de la foto está el núcleo urbano de Bilbao.

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Si dirigimos nuestra mirada hacia el suroeste, aguas arriba del Cadagua, nos llama la atención un fenómeno muy habitual: densos bancos de niebla acumulados en el municipio de Güeñes, que parece que se van desbordar y cubrir también Alonsotegi. Diferentes microclimas a poca distancia, consecuencia de la accidentada orografía. Al fondo, como se suele decir, se alzan majestuosas las estribaciones de la meseta castellana: la Sierra Salvada y la Peña Angulo, en los límites de Bizkaia, Araba y Burgos.

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Abandonamos las plantaciones de eucaliptos y nos encontramos con otra especie foránea, aunque su explotación desde hace más 100 años ha convertido sus bosques en una estampa clásica de la vertiente cantábrica del País Vasco: el pino insignis o pino de Monterrey (Pinus radiata).

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Esta conífera es originaria de la costa pacífica de Norteamérica y fue descrita por primera vez en 1833 por Douglas en Monterrey (California). A finales del siglo XIX se utiliza en varios proyectos de reforestación de zonas degradadas de Inglaterra y Alemania. En el País Vasco se cita por primera vez en 1857, en un jardín de Lekeitio (Bizkaia), propiedad de Mario Adán de Yarza. Los estudios realizados por esta familia sirvieron para que la Diputación Foral de Bizkaia iniciara la repoblación de los montes de este territorio, que en aquel momento se encontraban muy deteriorados como consecuencia de la sobreexplotación histórica de los bosques, especialmente agravada tras las diversas guerras carlistas. Su fácil aclimatación permitió una rápida expansión y sirvió también como complemento a las explotaciones agrarias tradicionales que a finales del XIX sufrían una grave crisis. A mediados del siglo XX llegó a ocupar la mayor parte de la superficie forestal, transformando el monte vasco caducifolio autóctono, con sus funciones productivas y protectoras, en un monótono monocultivo de especies de crecimiento rápido con una única finalidad economicista. En la actualidad en Bizkaia se talan anualmente unas 2.000 Has de esta especie de pino, cuando tienen entre 30 y 40 años y un diámetro entre 30 y 50 cm, y se destina a carpintería, embalajes y madera para construcción.

Adio Mitxelena 1955

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El tronco recto y alto que este pino presenta en la mayoría de las repoblaciones, alcanza menos altura y crece más robusto, inclinado, y a veces hasta retorcido, cuando se ve sometido a los fuertes vientos de las cumbres.

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Este es el caso del pinar del cordal de Sasiburu, que en su cara sur se asoma a un desfiladero de 400 metros de caída, mientras que por la ladera norte, con pendientes más suaves, llegan los vientos cargados de humedad del mar

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Pocos árboles resisten las condiciones de estas cumbres, ya que además los suelos son escasos en profundidad y en nutrientes. Sin embargo, los arbustos y herbáceas son suficientes para alimentar a los herbívoros, y el ganado es habitual por estos parajes. Vistas las fuertes pendientes sería lógico pensar que sólo las cabras podrían acceder a estos recursos, pero de lejos descubrimos unas manchas marrones que parecen colgadas del acantilado.

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A medida que nos acercamos, somos capaces de distinguir un rebaño de reses “escaladoras” que se mueven con facilidad entre los peñascos.

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Esta zona suele ser utilizada habitualmente por grandes bandadas de buitres como mirador sobre el valle, pero es probable que también lo utilicen de muladar de vez en cuando, tras “un mal paso” de algún infortunado animal.

Al otro lado del valle, tenemos una magnífica vista del paraje conocido como Aldanazarra. Un círculo de prados casi perfecto rodeado de repoblaciones de diferentes especies exóticas y algún resto de bosque autóctono. Su curiosa forma corresponde a una ancestral forma de ordenar los usos del territorio, y que algunos sitúan en los inicios del Neolítico, ya que el centro del círculo y los límites en los cuatro puntos cardinales se marcaban con mojones de piedra sobre restos de cal y ceniza, al estilo de los crómlechs. En castellano se denomina sel y en euskera saroi o korta/gorta. Otra bonita historia del pasado al que quizás algún día dedique un post.

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Pero éste no es el único sel de Alonsotegi, hay muchos. De hecho, la mayor cumbre de esta zona es el monte Ganekogorta (998 m), que significa “sel de la cima”. Aquí lo podemos ver desde Sasiburu, y nadie diría que entre ambos puntos hay un profundo valle atravesado por el río Cadagua.

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Continuando por el cordal nos acercamos a una zona kárstica, es decir, formada por roca caliza que durante miles de años el agua de lluvia se ha encargado de disolver, dando lugar a cuevas, simas y galerías. En esta zona también se extrajo mineral de hierro entre 1900 y 1925.

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Además de los pastos, vemos helechos con un color rojizo propio del otoño, y algunos arbustos como espinos (Crataegus monogyna), brezos (Erica sp.) y árgomas, planta conocida en otros sitios como tojo o aulaga (Ulex europaeus). Es la vegetación habitual que predomina tras la desaparición del bosque original.

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Ulex europaeus

A medida que nos acercamos al karst sus formaciones características son cada vez más claras. Las ovejas pastan sobre las dolinas, depresiones cónicas formadas por el agua de lluvia, y que tarde o temprano colapsarán formando la entrada a una sima; al fondo vemos un pequeño afloramiento calcáreo, con las rocas redondeadas y el típico lapiaz, zona con acanaladuras y surcos separados por aristas cortantes, y donde, si no lo cruzas con cuidado, es fácil torcerse un tobillo. Estas rocas se formaron en el Cretácico Inferior hace aproximadamente 100 millones de años, en el fondo de un mar tropical, por lo que es fácil distinguir en ellas impresiones de conchas marinas. En la parte inferior hay otra pequeña depresión colmatada con los restos de un pequeño esfagnal o trampal: pequeñas turberas, donde el agua estancada contiene gran cantidad de materia orgánica en descomposición y poco oxígeno, albergando, por tanto, una fauna y una flora muy características. Su nombre viene del esfagno (Género Sphagnum) una clase de musgo típico de este hábitat.

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Hasta ahora nada especial que no veamos en cualquier terreno calizo. Pero si descendemos por cualquiera de las dos laderas, tanto por la norte que nos lleva a Barakaldo como por la sur hacia Alonsotegi, nos encontraremos entre la vegetación otro tipo de karst, el karst de agujas:

Karst de agujas

En este caso las rocas que afloran a la superficie tienen forma de agujas cónicas, afiladas y separadas unas de otras, con alturas de entre uno y cuatro metros. Este capricho de la naturaleza no deja de tener algo mágico, incluso fantasmagórico, si te acercas un día de niebla y te metes en el laberinto de agujas y arbustos, sintiendo el roce de la vegetación y las espinas del tojo que se enganchan en tu ropa. La diferencia con la forma redondeada de los karsts más comunes se debe al tipo de clima que ha erosionado las rocas. Mientras que a ésos se les denomina “de clima frío”, al karst de agujas se le conoce también como karst tropical porque es este clima cálido y húmedo el que moldea la caliza de esta forma. Tras sufrir este tipo de erosión, el karst se cubrió de óxidos y carbonatos de hierro, y así permaneció hasta que, varios millones de años después, la explotación minera lo volvió a dejar al descubierto.

Karst de agujas PIG-Bizkaia 1990

Proceso de formación de un karst de agujas. Instituto de Estudios Territoriales de la Diputación Foral de Bizkaia, 1990.

Enfrente vemos la ladera del monte Apuko-Ganeroitz, con una repoblación de hayas, entre las que se han plantado pinos para que les proporcionen sombra, ya que las hayas jóvenes no soportan la insolación directa en verano. A mediados de octubre las hojas de haya presentan ya un incipiente color amarillo entre el verde perenne de los pinos.

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Ni siquiera en este entorno aparentemente tranquilo podemos escapar de las huellas de la irracionalidad humana, en forma del vandalismo que refleja el desprecio fruto de la incultura, la ignorancia y la falta de respeto por el patrimonio natural e histórico. Un panel informativo sobre las especiales características de este karst, yace inerte a un lado del camino, arrancado, con las patas quebradas.

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Poco a poco nos hemos adentrado en los restos del bosque original que se ha recuperado en gran medida tras el abandono de las actividades mineras: encina (Quercus ilex), madroño o borto (Arbutus unedo), labiérnago (Phyllirea latifolia), laurel (Laurus nobilis)…

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¡Un momento! Aquí algo falla… Estamos a un paso del mar, con vientos predominantes del noroeste siempre cargados de humedad, el clima se considera del tipo hiperhúmedo y, sin embargo, la vegetación es claramente mediterránea…

Precipitaciones valle del Ebro-Euskadi

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Para buscar la explicación debemos mirar otra vez hacia el suelo. Como hemos dicho, una parte del agua disuelve la roca caliza y se filtra hacia el subsuelo, y el resto escapa rápidamente pendiente abajo por encima de las rocas. Como consecuencia de ello, la profundidad de los suelos es escasa y sin capacidad para retener el agua. Así que en este terreno la disponibilidad de agua para la vegetación es similar a la del clima mediterráneo.

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Que las condiciones para su crecimiento sean las óptimas no es suficiente para explicar la presencia de estas especies en las zonas costeras cantábricas, desde el este de Asturias hasta Gipuzkoa, donde los bosques que forman se conocen como encinares cantábricos. Se cree que tras la última glaciación, en el llamado óptimo climático del periodo Holoceno (hace 8.000-4.000 años) la flora mediterránea pudo haber avanzado por el valle del Ebro hasta alcanzar los puertos más bajos de la divisoria de aguas de los Montes Vasco-Cantábricos. Desde ahí se extendió valles abajo en lo que ha venido a denominarse “Pasillo del Nervión” y “Pasillo del Cadagua”, ya que la gran abundancia de especies mediterráneas en estos valles, especialmente en el Cadagua, hace pensar que pudieron ser la puerta de entrada.

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Frutos del madroño.

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Frutos del labiérnago.

El hecho de que la encina típica de aquí, Q. ilex, aparezca hibridada con la carrasca o encina castellana, Q. rotundifolia, refuerza esta hipótesis. Otras especies que podemos encontrar son el aladierno (Rhamnus alaternus), el endrino (Prunus spinosa), el aligustre (Ligustrum vulgare), el cornejo (Cornus sanguínea), el ya mencionado espino albar (Crataegus monogyna), la coscoja (Quercus coccifera) cuya denominación en euskera, abaritz, da nombre a este blog (ver Sobre mí)

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y el terebinto o cornicabra (Pistacia terebinthus)

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Frutos del terebinto.

Y en la ladera del monte Arraiz, donde se encuentran el vertedero y las plantas de tratamiento de residuos que hemos visto antes, todavía quedan ejemplares de alcornoque (Quercus suber).

En las zonas más sombrías y húmedas encontramos las especies mediterráneas mezcladas con las típicas del bosque húmedo, como avellanos (Corylus avellana), fresnos (Fraxinus excelsior) y robles (Quercus robur, principalmente), formando una tupida cubierta que impide que los rayos de sol lleguen al suelo.

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Entre todas estas especies de árboles y arbustos mediterráneos y también entre los caducifolios encontramos unas cuantas herbáceas trepadoras colgando de las ramas o aferradas a las rocas, como la zarzaparrilla (Smilax aspera), la hiedra (Hedera hélix) y el rosal silvestre (Rosa sempervirens), este último también típico de los bosques mediterráneos.

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Frutos de la zarzaparrila en una rama de espino albar…

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…y en una rama de avellano.

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Frutos del rosal silvestre.

Estas especies forman lianas que, buscando la luz, pueden llegar a cubrir los troncos de árboles mucho más altos que las encinas, como los pinos:

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Junto a los pastos que rodean los caseríos podemos ver frutales como cerezos, avellanos, nogales, ciruelos, manzanos y algún castaño, con las explotaciones de eucaliptos y pinos al fondo.

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Los robles, fresnos, alisos y avellanos crecen en las márgenes de los arroyos y también se utilizan para formar setos que separan las propiedades, por lo que juegan un importante papel en el ecosistema de la campiña, sujetando el terreno en las zonas con fuertes pendientes y sirviendo de cobijo a los vertebrados más pequeños, como pájaros y reptiles.

Para terminar nuestra excursión daremos un repaso a una serie de especies que se encuentran diseminadas por todos estos hábitats. Son plantas que merecen ser destacadas por las razones que ahora veremos:

Especies incluidas en el Catálogo Vasco de Especies Amenazadas

  • Acebo (Ilex aquifolium): Arbusto que crece en los hayedos, robledales, bosques mixtos y encinares. Está catalogada como “de interés especial” porque permite en invierno alimentarse de sus frutos a la fauna.
  • Narcissus bulbocodium: Planta vivaz que crece en suelos húmedos o temporalmente húmedos, en pastos, repisas, prados-juncales y brézales. Catalogada como de “interés especial”.
  • Osmunda regalis: Helecho de gran tamaño y porte esbelto, de distribución atlántica y catalogada como “rara”.
  • Pinguicula lusitánica: Planta carnívora de pequeñas dimensiones y distribución atlántica de países de clima húmedo y templado. Sus hojas tienen infinidad de diminutas papilas que segregan una viscosidad con la que la planta atrapa y digiere pequeños invertebrados. Ocupa turberas incipientes, manantiales y esfagnales de montañas con substratos silíceos. Catalogada como especie “de interés especial”.

File:Pinguicula lusitanica.JPGFile:Pinguicula lusitanica2.jpg

(Wikimedia Commons)

  • Spiranthes aestivalis: Delicada herbácea de la familia de las Orquídeas. En el País Vasco está presente de forma muy escasa. Tiene categoría “rara” y crece en humedales turbosos, prados y juncales con suelo permanentemente húmedo.
  • Woodwardia radicans: Helecho que vive en taludes sombríos y abrigados, en barrancos con humedad constante y temperaturas suaves, catalogada “de interés especial”.

Estas especies deben ser disfrutadas en el campo y nunca recogidas ni sacadas de su medio. Si son tan escasas se debe a que son extremadamente sensibles a las condiciones de suelo, luminosidad, temperatura, humedad, etc. y no sobreviven a un cambio de hábitat. Además, algunas están protegidas y su recolección está prohibida.

Especies singulares no catalogadas

Su función en el entorno es indispensable para el correcto funcionamiento de los ecosistemas.

  • Dactilorhiza elata: Orquídea que aparece en prados con mucha humedad y juncales, de distribución submediterránea.
  • Radiola linoides: habita en pastos anuales, sobre suelos arenosos temporalmente húmedos y su distribución es eurosiberiana.
  • Anacamptys piramidalis: Orquídea con inflorescencia (conjunto de flores) piramidal. Habita sobre suelos calizos, en terrenos relativamente secos y soleados. Común en el Mediterráneo, es poco frecuente en la región eurosiberiana (el caso de Alonsotegi).
  • Ophioglossum lusitanicum: Pequeño helecho que crece en pastos con suelos secos. La población de Alonsotegi es una de las tres que se han localizado en el País Vasco.
  • Thapsia villosa: Herbácea perenne que habita pastos y matorrales secos y soleados. Su área de distribución es la parte occidental de la región mediterránea y su presencia es muy escasa en los valles atlánticos. En Bizkaia, además de Alonsotegi, sólo se conoce en Zalla y Gordexola, también en la cuenca del Cadagua.

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Poco a poco, casi sin darnos cuenta, hemos ido descendiendo hasta llegar al pueblo. Lo que empezó como una excursión para conocer la naturaleza que podemos encontrar cerca de la ciudad se ha convertido en una pequeña aventura donde nos hemos encontrado con galeones del siglo XVI, hemos conocido dos escritores vascos, uno de finales del siglo XIX en castellano y otro del XX en euskera; hemos conocido la doble cara del eucalipto, con su contenido en sustancias químicas que nos pueden curar pero también su fuerte impacto en el medio ambiente; hemos visto cómo se tratan los residuos que generamos habitualmente para evitar su impacto ambiental, aprovechándolos hasta que no tienen más utilidad que como combustible para obtener energía; un viaje en el tiempo hasta el siglo XIX nos ha permitido conocer por qué desapareció la mayor parte del bosque autóctono y fue sustituido por el pino insignis; retrocediendo mucho más, hasta hace 100 millones de años, hemos visto como se formó la roca caliza, y de regreso al futuro, hemos extraído el hierro acumulado sobre ella; marcha atrás otra vez en el tiempo, hasta hace unos 5.000 años para entender por qué existen ecosistemas mediterráneos en la costa cantábrica; y finalmente, hemos conocido unas cuantas plantas singulares que habitualmente pasan desapercibidas, una de ellas carnívora, pero que son de gran importancia para la conservación de la biodiversidad.

Vivas donde vivas estoy seguro que puedes hacer una excursión parecida por tu entorno. Sólo tienes que documentarte un poco, preguntar a familiares y profesores para que te orienten, y disfrutar de una aventura donde encontrarás viajes en el tiempo, poesía, naturaleza, paisajes, ciencias como la biología, la geología y la química, y más de una sorpresa.

(*) Actualización 4/11/2013: Parece ser que estas características les permiten alcanzar grandes profundidades, llegar a depósitos de oro y otros metales, y extraer partículas que acumulan en los tejidos aéreos. Así pueden usarse como indicadores biogeoquímicos por la industria minera.Natural gold particles in Eucalyptus leaves and their relevance to exploration for buried gold deposits“. NATURE COMMUNICATIONS .

(1) Actualización 10/11/2014: “Ferrería del siglo XI hallada en la subida al monte Pagasarri”

Referencias

 BiocarnavalJuniors

Esta entrada participa en el XXVI Carnaval de Biología, Edición Junior, que alberga @RueddaInventos en el blog http://www.laruedadelosinventos.org/

carnaval-quimica-xxviii-28-edicion-niquel-edition-flagellum-3dciencia-2013-octubre

Este post participa en el XXVIII Carnaval de Química, que se aloja en el blog Flagellum @3Dciencia

Otra teoría más sobre el euskera

Cada cierto tiempo los medios de comunicación se hacen eco de una nueva teoría sobre el origen de los vascos o del euskera, o de nuevos estudios que avalan alguna de ellas. Casualmente, esta vez me ha coincidido la aparición de una nueva hipótesis con la lectura de una novela en la que nunca me hubiese esperado encontrar una referencia a este tema: “The Gods Themselves” (Los Propios Dioses), de Isaac Asimov.

Portada The Gods Themselves

La última teoría

Estos últimos días ha sido noticia el estudio lingüístico realizado por Jaime Martín, licenciado en Filología Románica, que asegura que el euskera procede del dogón, uno de los idiomas hablado en Malí, al sur del desierto del Sahara. La similitud de un gran número de palabras y de algunas estructuras como el orden de sujeto, verbo y objeto directo, le ha hecho llegar a esa conclusión. Según él, tras la desertificación de la región sahariana, algunas tribus emigraron hacia Europa y uno de ellas dio origen al euskera. Su teoría no ha sido tomada muy en serio, como él mismo se lamenta ante el periodista.

La explicación a esta falta de interés por las instituciones vascas, es entendible tras escuchar esta entrevista en Euskadi Irratia (en euskera). En ella, el académico Xabier Kintana se encarga de desmontar lo que considera una especulación más que una hipótesis, por su falta de rigor científico. Se sorprende de que un especialista en lenguas románicas no se haya percatado de que alguna de esas palabras que encuentra similares en el euskera y en el dogón, en el caso del euskera claramente vienen del latín. En cuanto al orden de las frases y la aglutinación es común en muchos idiomas de América y Asia, aunque no en Europa. Kintana también critica que Martín compara el euskera y el dogón de la actualidad, que poco tienen que ver con lo que se podía hablar hace varios miles de años, y da ejemplos de cómo en la actualidad se estudia la estructura interna y la evolución propia de cada idioma para poder emparentarlo con otros.

En la novela de Asimov, un lingüista llamado Bronowski se hace famoso por conseguir descifrar las inscripciones etruscas utilizando otro idioma que, como el etrusco, no era de origen indoeuropeo y que en el presente todavía se habla no muy lejos de la antigua Etruria: el vasco. Según su teoría, estos dos idiomas eran parte de la cultura pre-celta establecida en el oeste europeo. Sin embargo, Asimov puntualiza que lo que dejó impresionados al resto de los filólogos del mundo fue la capacidad de Bronowski para llegar al euskera hablado en la época romana desde el euskera actual, muy influido por el latín, para luego relacionarlo con el etrusco.

 

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Wikimedia By Iron_Age_Italy.png: User:Dbachmann derivative work: Ewan ar born

Volviendo a la realidad, para hacernos idea de la antigüedad del euskera se suelen poner como ejemplo algunas palabras derivadas del vocablo aitz(a) = piedra: aizkora=hacha, aitzur=azada (lur=tierra), aiztoa=cuchillo. Esto nos sitúa antes del descubrimiento de los metales, es decir, en la Edad de Piedra.

Por ser los vocablos que menos cambian con el tiempo, se suelen estudiar la toponimia y los números para comparar el parentesco entre lenguas, como explica Mark Pagel en esta breve entrevista en Redes:

Teoría preindoeuropea

En la primera mitad del siglo XX, el estudio de los topónimos europeos descubrió raíces euskéricas en muchos de ellos. La explicación sería que, a medida que los hielos se fueron retirando, la población pre-indoeuropea se dispersó por toda Europa y norte de África, extendiendo el proto-euskera. Theo Venneman, de la Universidad de Munich, es uno de los defensores de esta teoría tras haber estudiado la toponimia y la hidronimia europeas. Un ejemplo en el que se basa es la palabra vasca ibai (río) o ibar (vega). Así tenemos el río Ibar en Serbia-Montenegro, en Hessen el río Ibra, en el sur de Alemania dos ríos Ebrach y varios ríos Eberbache; en Francia Ivergny, Iverny, Yvré-l’évêque, Ébréon, Évrune, Ebersheim; en el País Vasco Ibarra, Ibarrola, Ibarrekolanda; y por supuesto, el río Ebro que procede del prerromano Iber. También a esta hipótesis se le achaca que hace las comparaciones con el euskera actual, sabiendo que el proto-euskera podía ser muy distinto.

Las teorías del norte de África

Las similitudes léxicas y fonológicas entre el euskera y las lenguas bereberes también sirvieron para ubicar el origen del euskera en el norte de África, sin embargo las diferencias en sintaxis, morfología y gramática, han evitado su aceptación oficial. Estas semejanzas se atribuyen al asentamiento en tierras vascas de nómadas de origen camítico, lo que explicaría la existencia en el euskera de palabras bereberes, guanches, somalíes, etíopes o del egipcio antiguo.

El vasco-iberismo

Según esta teoría, el euskera es la última de las lenguas que se hablaban en la Península Ibérica antes de la invasión romana. Con muchos seguidores hasta el siglo XIX, entre ellos Humboldt, en el siglo XX se consideró que la correspondencia entre términos vascos e iberos no podía justificar suficientemente un parentesco genético.

Las lenguas del Cáucaso

Lingüistas rusos, georgianos y vascos apoyaron la teoría del origen caucásico del euskera basándose, una vez más, en las similitudes toponímicas. Los nombres de dos montes emblemáticos, Aralar aquí y Ararat allí, es el ejemplo más conocido. El vasco Koldo Mitxelena lo descartó por no existir similitudes en cuanto a léxico. Sin embargo, el mismo Mitxelena encontró ciertos parecidos entre ellas, como, por ejemplo, en el uso del caso ergativo (nork), la pluralidad en la persona de los verbos y ciertas palabras del mundo de la agricultura y la ganadería. Dado que poseen semejanzas sintácticas, morfológicas y gramaticales, esta teoría no se ha descartado, y se sigue emparentando al euskara con las lenguas caucásicas, en concreto con el georgiano.

Teniendo en cuenta que uno de los puntos de entrada en Europa de la cultura neolítica, es decir, la agricultura, la ganadería y la metalurgia, fue la región caucásica, podríamos pensar que es lógico que queden restos en el euskera de esa expansión cultural. Sin embargo, como comenta Juan Ignacio Pérez en su blog La Naturaleza Humana, parece ser que fueron las lenguas indoeuropeas las que se expandieron con la agricultura.

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Culturas del final del Neolítico (Wikimedia)

Otras teorías

El cambio climático que hace unos 5.000 años transformó el Sáhara, pasando de ser una fértil sabana tropical con humedales a convertirse en uno de los desiertos más grandes del planeta, con las consiguientes migraciones humanas, es la explicación que suelen dar las teorías que vinculan el euskera con su origen en África.

De éstas, una de las más polémicas es la sostenida por el inmunólogo Antonio Arnáiz Villena de la Universidad Complutense de Madrid y presidente de la Sociedad Nacional de Inmunología entre 1991-1995, y por el historiador Jorge Alonso García. Uniendo el estudio de diversos marcadores genéticos para estudiar las migraciones de diversas poblaciones en la antigüedad con las similitudes entre lenguas vivas y muertas alrededor del Mediterráneo, llegan a la conclusión de que todas provienen de la región del Sáhara cuando éste todavía era verde. Pero quizás lo más sorprendente es que utiliza el euskera para descifrar el ibérico-tartésico, el etrusco, el minoico-cretense, el guanche, el bereber, el egipcio y varios del oriente próximo (hitita, eblita, elamita y sumerio), dando un sentido totalmente diferente a muchos de los textos ya interpretados por la arqueología ortodoxa.

Si esta teoría parece rebuscada y descabellada, podemos llegar a entender mucho menos con este video del programa de Sánchez Dragó en Telemadrid, en el que participa Antonio Arnáiz, donde mezclan éstas y otras teorías con ideologías políticas para poder interpretar ciertos hechos. La verdad es que a mí no me queda nada claro a donde quieren llegar, ni desde el punto de vista lingüístico, ni desde el político.

¿Qué dice la genética?

Según el inglés Stephen Oppenheimer, sólo el 5% de los genes de los británicos provienen de la invasión anglosajona, mientras que el restante 75% corresponde a las poblaciones que durante la última glaciación se refugiaron en el norte de la Península Ibérica, donde el clima era más benigno, y que tras el final de la edad de hielo se expandieron por Irlanda, Escocia, Gales, Cornualles y oeste de Francia.

Por su parte, Bryan Sykes, conocido genetista de la Universidad de Oxford, ha analizado el ADN mitocondrial de multitud de poblaciones europeas. Este ADN se hereda por línea materna, ya que los espermatozoides carecen de mitocondrias. Los varones tienen el ADN mitocondrial de sus madres pero no lo transmiten a su descendencia. De esta forma ha llegado a la conclusión de que el 41% de la población europea desciende de un clan femenino determinado, y sus marcadores genéticos son especialmente frecuentes entre la población vasca.

Esto apoyaría la teoría de la expansión de poblaciones desde el refugio vasco-cantábrico tras la última glaciación, y también encaja con la teoría pre-indoeuropea de Vennemman.

Reenfocando el tema

La entrevista en Euskadi Irratia que he mencionado al principio acaba recordando una cita de Koldo Mitxelena (Rentería,1915San Sebastián, 1987), a quien también citan en el programa de Sánchez Dragó. Parece ser que para Mitxelena lo sorprendente no era el origen del euskera, sino que haya sobrevivido tantos milenios. Citando otra vez a La Naturaleza Humana: “Las regiones del mundo han sido barridas ocasionalmente por “apisonadoras lingüísticas”, en las que un grupo que disfrutaba de alguna ventaja en términos de efectivos poblacionales, recursos alimenticios o tecnología, ha explotado esa ventaja para expandirse a expensas de los grupos vecinos, imponiendo su propia lengua en la región y reemplazando las lenguas locales anteriores, al expulsar o acabar con los hablantes, o al convertirlos en hablantes de la lengua del invasor.”

En estos miles de años, el euskera ha visto pasar varias apisonadoras.

Hace 2.000 años aguantó la apisonadora romana que barrió multitud de lenguas en Europa y norte de África, y tomó del latín muchos vocablos, algunos relacionados con las nuevas tecnologías introducidas o con los conceptos legales y religiosos. Posteriormente, la evolución del latín en los territorios colindantes con las zonas vascófonas dio lugar al castellano, que mantiene una clara influencia vasca, no sólo en palabras sino, por ejemplo, en las cinco vocales.

Sin embargo, el castellano más tarde se convirtió a su vez en apisonadora, no sólo en la Península Ibérica, sino también al otro lado del charco, en América. En el siglo XX, la apisonadora castellana estuvo a punto de darle la puntilla al euskera, con la represión y persecución de la cultura y la lengua vascas durante la dictadura franquista. Pero sorprendentemente también aguantó, y tras la unificación de los dialectos, modernización, integración en el sistema educativo y promoción cultural, poco a poco va resurgiendo.

Pero este renacimiento no está exento de obstáculos, alguno de los cuales parecen de otra época. En 1992 los estados miembros del Consejo de Europa aprobaron la Carta Europea de Lenguas Minoritarias por la que se comprometen a la defensa y promoción de todas las lenguas de Europa que carecen de carácter de oficialidad o que aún siendo oficiales en alguno de los firmantes no lo son en otros o aún siendo oficiales en el firmante está en manifiesta debilidad. Francia, otra apisonadora lingüística, no ha procedido a su ratificación, por lo cual no es de aplicación en su territorio.

Lingua navarrorum

Pero es que el Consejo de Europa, cada vez que saca una evaluación del grado de cumplimiento de la Carta por los estados miembros, acaba dando un toque al Gobierno de Navarra, como se recoge aquí. En el siglo XII, el rey de Navarra Sancho el Sabio denominó al euskera “lingua navarrorum”, reconociéndolo como el idioma de la mayoría de los habitantes de su reino. La situación cambió mucho con la conquista de este reino por Castilla en 1512, con la apisonadora castellana funcionando a toda marcha. Parece que los últimos gobiernos navarros siguen empeñados en hacer que la apisonadora siga funcionando, tratando al euskera como si fuese un idioma ajeno.

Como comenta el profesor de la Universidad del País Vasco Jon Mattin Matxain en su blog en euskera sobre química cuántica, tras sorprenderse por la aceptación de un blog sobre este tema en este idioma, “si tuviésemos en cuenta lo que hace unos años dijo el entonces presidente de mi querida Navarra, nadie leería esto. Sí. Miguel Sanz dijo que la cuántica no se podía enseñar en euskera, porque el euskera no es idioma para hacer cosas complicadas. ¡Afortunadamente estaba equivocado! Como respondió muy bien Pedro Miguel Etxenike, para enseñar cuántica en euskera únicamente hacen falta dos cosas imprescindibles: ¡saber cuántica y saber euskera!”.

File:Linguistic map Southwestern Europe.gif

Wikimedia: Original uploader was Alexandre Vigo at gl.wikipedia

Cualquier idioma, por muy poco hablado que sea, merece ser respetado y conservado como patrimonio inmaterial de la Humanidad. Cuando un idioma desaparece se pierde una parte de la riqueza cultural que un grupo de seres humanos desarrolló durante cientos de años. En el caso del euskera, tenemos un idioma cuyas raíces se asientan en el Paleolítico, cuando el ser humano todavía era cazador-recolector, mientras que en la actualidad se utiliza para desarrollar las tecnologías más avanzadas. ¿No es hora ya de que dejemos de utilizar apisonadoras ideológicas?

Actualización 19/04/2013: Europa considera hipócrita al Gobierno Foral y dice que “obstruye” el euskera

Actualización 26/04/2013: Urquijo, la apisonadora lingüística humana

Actualización 12/07/2013: 10 palabras que el castellano debería apropiarse urgentemente del euskera (Humor)

Referencias

“Este post participa en la IV Edición del Carnaval de Humanidades alojado por Kurt Friedrich Gödel  en el blog Literatura es aprehender la realidad