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Una excursión muy completa: naturaleza, historia, ciencias, literatura…

Para la mayoría de las personas de nuestra sociedad, inmersos en una cultura urbana cada vez más tecnológica, el paisaje natural que les rodea pasa normalmente desapercibido. Los urbanitas casi ni se fijan en los árboles de las aceras que a duras penas sobreviven en un ambiente hostil para ellos; los paseantes habituales por los parques urbanos quizás perciban el diferente efecto del paso de las estaciones en las especies de hoja caduca y perenne; muy pocos serán capaces de nombrar los árboles y arbustos que ven, y mucho menos si es una especie autóctona o foránea. Quizás, a finales de invierno, cuando se celebra el Día del Árbol, les puede surgir la necesidad de hacer algo por la naturaleza, decidan plantar un árbol, se fijen en si es un roble, cerezo o castaño, y sientan que les gustaría volver dentro de 50 o 100 años y ver en qué se ha convertido este palito que ahora tienen entre manos.

Aunque la mano del hombre ha alterado en gran medida la naturaleza, es posible que cerca de nuestras ciudades todavía podamos disfrutar de algún resto del bosque original, e incluso en las áreas que albergan o han albergado alguna actividad humana, podamos observar una gran variedad de especies vegetales y animales. A veces incluso podemos asombrarnos con la capacidad de la naturaleza para recuperar zonas en las que, durante muchos años, la mano humana eliminó su presencia para obtener materias primas, como en el caso de la minería.

Se conoce como vegetación potencial de un lugar la vegetación que existiría en el caso de que el ser humano no hubiese actuado sobre esa parte de la naturaleza. Son muchos los factores que determinan la vegetación: el clima actual y pasado, la altura sobre el nivel del mar, la orografía que lo circunda, la presencia de herbívoros… En este mapa de la Península Ibérica vemos que en la costa del Atlántico-Cantábrico predominarían los bosques de robles, hayas y alisos; en la costa mediterránea los algarrobos, palmitos y pinos carrasco; en la costa portuguesa y adentrándose en la zona sur de la meseta los bosques originales serían de encinas y alcornoques; en la meseta norte las encinas, rebollos y quejigos; en la banda de los Pirineos predominan las especies adaptadas a las alturas como abeto, pino negro y haya; y por último, en el valle del Ebro se forma un mosaico donde se mezclan especies del litoral mediterráneo, de las dos mesetas, junto con especies adaptadas al frío y la aridez, como la retama y la aulaga, y zonas mixtas.

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Vegetación potencial de la Península Ibérica (Wikimedia Commons)

Pero como hemos dicho, esta es la vegetación que existiría si las actividades humanas no la hubiesen alterado. Podemos decir que esta es la distribución de los bosques que se encontraron los romanos cuando invadieron la Península Ibérica, ya que las actividades de las poblaciones humanas autóctonas apenas habían modificado su entorno.

Para hacernos idea del grado de alteración del territorio por el ser humano, y en concreto de la vegetación, vamos a hacer una pequeña excursión por los alrededores de una ciudad. Veremos a pocos kilómetros del centro urbano una gran variedad de especies vegetales, entre las huellas de las actividades humanas de las diferentes épocas históricas.

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Museo Marítimo y Palacio de Congresos y de la Música, en el lugar donde se encontraba el astillero Euskalduna hasta 1985.

La ciudad elegida como punto de partida es Bilbao, una ciudad que empezó a crecer a finales de la Edad Media, gracias al comercio con diferentes puertos de Europa.(1) Se exportaba la lana castellana y el hierro vizcaíno y se importaban manufacturas de Inglaterra y los Países Bajos. También fueron importantes sus astilleros, gracias a la cercanía de los bosques y las minas de donde se obtenía la madera y el hierro necesarios para construir galeones, navíos de guerra, de correo y de mercancías para la ruta con las Indias. Los recursos naturales necesarios tanto para las actividades industriales como para el crecimiento y mantenimiento propios de la ciudad se obtenían del entorno que le rodeaba. Bilbao se encuentra en el fondo de un estrecho valle rodeado por montes de diferentes alturas, y lo atraviesa el río Nervión que se abre en un estuario hasta desembocar en el mar Cantábrico. Por ello, empezaremos nuestra excursión subiendo a uno de estos montes para poder tener una perspectiva más amplia del paisaje.

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La Torre Iberdrola asoma entre los restos de niebla; detrás, las luces de la mañana se reflejan en el Museo Guggenheim y delante, el Palacio Euskalduna y el nuevo estadio de San Mamés en construcción.PA120018 Una excursión muy completa: naturaleza, historia, ciencias, literatura…

 

Desembocadura del río Nervión en el mar Cantábrico

Cuando vemos la ciudad desde aquí empezamos a notar una sensación que no teníamos cuando recorremos sus calles, entre los edificios y las aglomeraciones de gente. Parece como si de repente nos hiciésemos más pequeños al contemplar a otra escala el tamaño de las construcciones humanas comparadas con la orografía del territorio donde se asientan.

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(Wikimedia Commons)

“Muchas veces, contemplando desde el alto de la cordillera de Archanda mi nativa villa de Bilbao, he pensado que ha ido achicándose, a pesar de su ensanche, a medida que he ido creciendo yo. En un tiempo un paseo a Asúa, al otro lado de la cordillera, me parecía expedición de novela de Julio Verne, tiempo en que engaitábamos al que se iba a pasar unos días a Abadiano, y en que al jactarse cualquiera de nosotros de haber visto más pueblos que cualquiera de sus compañeros, citaba a Deusto, Portugalete, Alonsótegui, Galdácano, Derio o Arrigorriaga.” Recuerdos de niñez y de mocedad, Miguel de Unamuno 1908.

En esta mañana de otoño podemos ver con claridad la costa cantábrica, mientras que la niebla se acumula todavía en los valles interiores.

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Ascendemos la fuerte pendiente entre repoblaciones de eucaliptos. El género Eucalyptus lo componen más de 700 especies, la mayoría nativas de Australia y donde predominan sobre el resto de especies arbóreas. Actualmente se cultiva por todas las áreas tropicales y templadas del mundo, ya que la mayoría de las especies no toleran las heladas. En Bizkaia se cultiva el eucalipto colorado (Eucalyptus camaldulensis Dehnh) y el eucalipto azul de Tasmania (Eucalyptus globulus Labill). Su madera tiene varias aplicaciones aunque aquí se utiliza básicamente para la obtención de pasta de papel. Sus hojas son ricas en aceites esenciales, principalmente en la sustancia eucaliptol o cineol, que posee propiedades antisépticas y balsámicas, y se destina a las industrias farmacéutica y confitera (caramelos).

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Molécula del eucaliptol (1,8-cineol) (Wikimedia Commons)

En medicina popular con las hojas se preparan infusiones e inhalaciones para combatir los catarros y bronquitis. Recientes estudios han demostrado cierta acción hipoglucemiante debido a unos compuestos, los caliptósidos, por lo que puede tener utilidad en el tratamiento de la diabetes. Los caliptósidos son heterósidos, un conjunto de sustancias orgánicas que poseen uno o varios azúcares combinados con otro compuesto denominado genina.

También es importante para la elaboración de miel por producir abundante néctar y polen incluso en invierno, época crítica para el abastecimiento alimentario de las abejas.

Su rentabilidad se debe al rápido crecimiento y a la capacidad para rebrotar tras talas e incendios. Esa enorme fuerza hace que crezca en densas formaciones que excluyen a cualquier otra especie. Además, la hojarasca que se acumula en el suelo es rica en las sustancias antisépticas ya comentadas y afectan a la flora microbiana del suelo. Como consecuencia de todo ello, una vez establecido es muy difícil que la vegetación natural sea capaz de desplazar al eucalipto. También se han observado efectos nocivos en los invertebrados acuáticos de las corrientes donde se acumula esta hojarasca.

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Por último, sus largas raíces son capaces de absorber grandes cantidades de agua y pueden llegar a hacer desaparecer arroyos y manantiales, con gran impacto en el resto de la flora, la fauna y las actividades humanas que dependen de este recurso. De hecho, se utiliza para desecar zonas pantanosas, siendo especialmente útiles en los países afectados por la malaria ya que permiten eliminar los focos de mosquitos que transmiten esta enfermedad.(*)

Entre los eucaliptos podemos ver, en la ladera de enfrente, el mayor vertedero de residuos urbanos de Bizkaia, en el paraje conocido de Artigas. Dentro todavía del municipio de Bilbao, pero en el valle del río Cadagua que nace en la provincia de Burgos y recorre la comarca vizcaína de Encartaciones.

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Bajo las terrazas formadas por la compactación de las basuras, vemos dos edificios. El situado en la cota más baja corresponde a la planta de tratamiento de lixiviados, que evita que las aguas de escorrentía contaminadas por los residuos vayan a parar al río. También en este edificio hay un centro de interpretación donde el visitante puede conocer como se realiza la gestión de los residuos urbanos. En el edificio construido al pie de las terrazas se encuentra una planta de compostaje. Muy cerca de allí, en la ladera contigua del monte Arraiz y en el hueco abierto por una antigua cantera, podemos ver la planta de valorización energética de residuos de Zabalgarbi, es decir, una incineradora de basuras con producción de electricidad (ver este post); a su derecha asoma una parte del nuevo edificio de tratamiento mecánico-biológico de residuos urbanos. Estas infraestructuras se encargan de dar solución en el territorio de Bizkaia a uno de los principales impactos ambientales generados por las sociedades desarrolladas: la producción de residuos.

PA120055 Una excursión muy completa: naturaleza, historia, ciencias, literatura…Aquí podemos ver la ubicación de estas instalaciones con respecto al pueblo de Alonsotegi. A la izquierda de la foto está el núcleo urbano de Bilbao.

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Si dirigimos nuestra mirada hacia el suroeste, aguas arriba del Cadagua, nos llama la atención un fenómeno muy habitual: densos bancos de niebla acumulados en el municipio de Güeñes, que parece que se van desbordar y cubrir también Alonsotegi. Diferentes microclimas a poca distancia, consecuencia de la accidentada orografía. Al fondo, como se suele decir, se alzan majestuosas las estribaciones de la meseta castellana: la Sierra Salvada y la Peña Angulo, en los límites de Bizkaia, Araba y Burgos.

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Abandonamos las plantaciones de eucaliptos y nos encontramos con otra especie foránea, aunque su explotación desde hace más 100 años ha convertido sus bosques en una estampa clásica de la vertiente cantábrica del País Vasco: el pino insignis o pino de Monterrey (Pinus radiata).

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Esta conífera es originaria de la costa pacífica de Norteamérica y fue descrita por primera vez en 1833 por Douglas en Monterrey (California). A finales del siglo XIX se utiliza en varios proyectos de reforestación de zonas degradadas de Inglaterra y Alemania. En el País Vasco se cita por primera vez en 1857, en un jardín de Lekeitio (Bizkaia), propiedad de Mario Adán de Yarza. Los estudios realizados por esta familia sirvieron para que la Diputación Foral de Bizkaia iniciara la repoblación de los montes de este territorio, que en aquel momento se encontraban muy deteriorados como consecuencia de la sobreexplotación histórica de los bosques, especialmente agravada tras las diversas guerras carlistas. Su fácil aclimatación permitió una rápida expansión y sirvió también como complemento a las explotaciones agrarias tradicionales que a finales del XIX sufrían una grave crisis. A mediados del siglo XX llegó a ocupar la mayor parte de la superficie forestal, transformando el monte vasco caducifolio autóctono, con sus funciones productivas y protectoras, en un monótono monocultivo de especies de crecimiento rápido con una única finalidad economicista. En la actualidad en Bizkaia se talan anualmente unas 2.000 Has de esta especie de pino, cuando tienen entre 30 y 40 años y un diámetro entre 30 y 50 cm, y se destina a carpintería, embalajes y madera para construcción.

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El tronco recto y alto que este pino presenta en la mayoría de las repoblaciones, alcanza menos altura y crece más robusto, inclinado, y a veces hasta retorcido, cuando se ve sometido a los fuertes vientos de las cumbres.

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Este es el caso del pinar del cordal de Sasiburu, que en su cara sur se asoma a un desfiladero de 400 metros de caída, mientras que por la ladera norte, con pendientes más suaves, llegan los vientos cargados de humedad del mar

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Pocos árboles resisten las condiciones de estas cumbres, ya que además los suelos son escasos en profundidad y en nutrientes. Sin embargo, los arbustos y herbáceas son suficientes para alimentar a los herbívoros, y el ganado es habitual por estos parajes. Vistas las fuertes pendientes sería lógico pensar que sólo las cabras podrían acceder a estos recursos, pero de lejos descubrimos unas manchas marrones que parecen colgadas del acantilado.

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A medida que nos acercamos, somos capaces de distinguir un rebaño de reses “escaladoras” que se mueven con facilidad entre los peñascos.

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Esta zona suele ser utilizada habitualmente por grandes bandadas de buitres como mirador sobre el valle, pero es probable que también lo utilicen de muladar de vez en cuando, tras “un mal paso” de algún infortunado animal.

Al otro lado del valle, tenemos una magnífica vista del paraje conocido como Aldanazarra. Un círculo de prados casi perfecto rodeado de repoblaciones de diferentes especies exóticas y algún resto de bosque autóctono. Su curiosa forma corresponde a una ancestral forma de ordenar los usos del territorio, y que algunos sitúan en los inicios del Neolítico, ya que el centro del círculo y los límites en los cuatro puntos cardinales se marcaban con mojones de piedra sobre restos de cal y ceniza, al estilo de los crómlechs. En castellano se denomina sel y en euskera saroi o korta/gorta. Otra bonita historia del pasado al que quizás algún día dedique un post.

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Pero éste no es el único sel de Alonsotegi, hay muchos. De hecho, la mayor cumbre de esta zona es el monte Ganekogorta (998 m), que significa “sel de la cima”. Aquí lo podemos ver desde Sasiburu, y nadie diría que entre ambos puntos hay un profundo valle atravesado por el río Cadagua.

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Continuando por el cordal nos acercamos a una zona kárstica, es decir, formada por roca caliza que durante miles de años el agua de lluvia se ha encargado de disolver, dando lugar a cuevas, simas y galerías. En esta zona también se extrajo mineral de hierro entre 1900 y 1925.

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Además de los pastos, vemos helechos con un color rojizo propio del otoño, y algunos arbustos como espinos (Crataegus monogyna), brezos (Erica sp.) y árgomas, planta conocida en otros sitios como tojo o aulaga (Ulex europaeus). Es la vegetación habitual que predomina tras la desaparición del bosque original.

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Ulex europaeus

A medida que nos acercamos al karst sus formaciones características son cada vez más claras. Las ovejas pastan sobre las dolinas, depresiones cónicas formadas por el agua de lluvia, y que tarde o temprano colapsarán formando la entrada a una sima; al fondo vemos un pequeño afloramiento calcáreo, con las rocas redondeadas y el típico lapiaz, zona con acanaladuras y surcos separados por aristas cortantes, y donde, si no lo cruzas con cuidado, es fácil torcerse un tobillo. Estas rocas se formaron en el Cretácico Inferior hace aproximadamente 100 millones de años, en el fondo de un mar tropical, por lo que es fácil distinguir en ellas impresiones de conchas marinas. En la parte inferior hay otra pequeña depresión colmatada con los restos de un pequeño esfagnal o trampal: pequeñas turberas, donde el agua estancada contiene gran cantidad de materia orgánica en descomposición y poco oxígeno, albergando, por tanto, una fauna y una flora muy características. Su nombre viene del esfagno (Género Sphagnum) una clase de musgo típico de este hábitat.

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Hasta ahora nada especial que no veamos en cualquier terreno calizo. Pero si descendemos por cualquiera de las dos laderas, tanto por la norte que nos lleva a Barakaldo como por la sur hacia Alonsotegi, nos encontraremos entre la vegetación otro tipo de karst, el karst de agujas:

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En este caso las rocas que afloran a la superficie tienen forma de agujas cónicas, afiladas y separadas unas de otras, con alturas de entre uno y cuatro metros. Este capricho de la naturaleza no deja de tener algo mágico, incluso fantasmagórico, si te acercas un día de niebla y te metes en el laberinto de agujas y arbustos, sintiendo el roce de la vegetación y las espinas del tojo que se enganchan en tu ropa. La diferencia con la forma redondeada de los karsts más comunes se debe al tipo de clima que ha erosionado las rocas. Mientras que a ésos se les denomina “de clima frío”, al karst de agujas se le conoce también como karst tropical porque es este clima cálido y húmedo el que moldea la caliza de esta forma. Tras sufrir este tipo de erosión, el karst se cubrió de óxidos y carbonatos de hierro, y así permaneció hasta que, varios millones de años después, la explotación minera lo volvió a dejar al descubierto.

Karst de agujas PIG Bizkaia 1990 Una excursión muy completa: naturaleza, historia, ciencias, literatura…

Proceso de formación de un karst de agujas. Instituto de Estudios Territoriales de la Diputación Foral de Bizkaia, 1990.

Enfrente vemos la ladera del monte Apuko-Ganeroitz, con una repoblación de hayas, entre las que se han plantado pinos para que les proporcionen sombra, ya que las hayas jóvenes no soportan la insolación directa en verano. A mediados de octubre las hojas de haya presentan ya un incipiente color amarillo entre el verde perenne de los pinos.

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Ni siquiera en este entorno aparentemente tranquilo podemos escapar de las huellas de la irracionalidad humana, en forma del vandalismo que refleja el desprecio fruto de la incultura, la ignorancia y la falta de respeto por el patrimonio natural e histórico. Un panel informativo sobre las especiales características de este karst, yace inerte a un lado del camino, arrancado, con las patas quebradas.

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Poco a poco nos hemos adentrado en los restos del bosque original que se ha recuperado en gran medida tras el abandono de las actividades mineras: encina (Quercus ilex), madroño o borto (Arbutus unedo), labiérnago (Phyllirea latifolia), laurel (Laurus nobilis)…

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¡Un momento! Aquí algo falla… Estamos a un paso del mar, con vientos predominantes del noroeste siempre cargados de humedad, el clima se considera del tipo hiperhúmedo y, sin embargo, la vegetación es claramente mediterránea…

Precipitaciones valle del Ebro Euskadi1 Una excursión muy completa: naturaleza, historia, ciencias, literatura…

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Para buscar la explicación debemos mirar otra vez hacia el suelo. Como hemos dicho, una parte del agua disuelve la roca caliza y se filtra hacia el subsuelo, y el resto escapa rápidamente pendiente abajo por encima de las rocas. Como consecuencia de ello, la profundidad de los suelos es escasa y sin capacidad para retener el agua. Así que en este terreno la disponibilidad de agua para la vegetación es similar a la del clima mediterráneo.

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Que las condiciones para su crecimiento sean las óptimas no es suficiente para explicar la presencia de estas especies en las zonas costeras cantábricas, desde el este de Asturias hasta Gipuzkoa, donde los bosques que forman se conocen como encinares cantábricos. Se cree que tras la última glaciación, en el llamado óptimo climático del periodo Holoceno (hace 8.000-4.000 años) la flora mediterránea pudo haber avanzado por el valle del Ebro hasta alcanzar los puertos más bajos de la divisoria de aguas de los Montes Vasco-Cantábricos. Desde ahí se extendió valles abajo en lo que ha venido a denominarse “Pasillo del Nervión” y “Pasillo del Cadagua”, ya que la gran abundancia de especies mediterráneas en estos valles, especialmente en el Cadagua, hace pensar que pudieron ser la puerta de entrada.

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Frutos del madroño.

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Frutos del labiérnago.

El hecho de que la encina típica de aquí, Q. ilex, aparezca hibridada con la carrasca o encina castellana, Q. rotundifolia, refuerza esta hipótesis. Otras especies que podemos encontrar son el aladierno (Rhamnus alaternus), el endrino (Prunus spinosa), el aligustre (Ligustrum vulgare), el cornejo (Cornus sanguínea), el ya mencionado espino albar (Crataegus monogyna), la coscoja (Quercus coccifera) cuya denominación en euskera, abaritz, da nombre a este blog (ver Sobre mí)

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y el terebinto o cornicabra (Pistacia terebinthus)

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Frutos del terebinto.

Y en la ladera del monte Arraiz, donde se encuentran el vertedero y las plantas de tratamiento de residuos que hemos visto antes, todavía quedan ejemplares de alcornoque (Quercus suber).

En las zonas más sombrías y húmedas encontramos las especies mediterráneas mezcladas con las típicas del bosque húmedo, como avellanos (Corylus avellana), fresnos (Fraxinus excelsior) y robles (Quercus robur, principalmente), formando una tupida cubierta que impide que los rayos de sol lleguen al suelo.

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Entre todas estas especies de árboles y arbustos mediterráneos y también entre los caducifolios encontramos unas cuantas herbáceas trepadoras colgando de las ramas o aferradas a las rocas, como la zarzaparrilla (Smilax aspera), la hiedra (Hedera hélix) y el rosal silvestre (Rosa sempervirens), este último también típico de los bosques mediterráneos.

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Frutos de la zarzaparrila en una rama de espino albar…

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…y en una rama de avellano.

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Frutos del rosal silvestre.

Estas especies forman lianas que, buscando la luz, pueden llegar a cubrir los troncos de árboles mucho más altos que las encinas, como los pinos:

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Junto a los pastos que rodean los caseríos podemos ver frutales como cerezos, avellanos, nogales, ciruelos, manzanos y algún castaño, con las explotaciones de eucaliptos y pinos al fondo.

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Los robles, fresnos, alisos y avellanos crecen en las márgenes de los arroyos y también se utilizan para formar setos que separan las propiedades, por lo que juegan un importante papel en el ecosistema de la campiña, sujetando el terreno en las zonas con fuertes pendientes y sirviendo de cobijo a los vertebrados más pequeños, como pájaros y reptiles.

Para terminar nuestra excursión daremos un repaso a una serie de especies que se encuentran diseminadas por todos estos hábitats. Son plantas que merecen ser destacadas por las razones que ahora veremos:

Especies incluidas en el Catálogo Vasco de Especies Amenazadas

  • Acebo (Ilex aquifolium): Arbusto que crece en los hayedos, robledales, bosques mixtos y encinares. Está catalogada como “de interés especial” porque permite en invierno alimentarse de sus frutos a la fauna.
  • Narcissus bulbocodium: Planta vivaz que crece en suelos húmedos o temporalmente húmedos, en pastos, repisas, prados-juncales y brézales. Catalogada como de “interés especial”.
  • Osmunda regalis: Helecho de gran tamaño y porte esbelto, de distribución atlántica y catalogada como “rara”.
  • Pinguicula lusitánica: Planta carnívora de pequeñas dimensiones y distribución atlántica de países de clima húmedo y templado. Sus hojas tienen infinidad de diminutas papilas que segregan una viscosidad con la que la planta atrapa y digiere pequeños invertebrados. Ocupa turberas incipientes, manantiales y esfagnales de montañas con substratos silíceos. Catalogada como especie “de interés especial”.

 Una excursión muy completa: naturaleza, historia, ciencias, literatura…400px Pinguicula lusitanica2 Una excursión muy completa: naturaleza, historia, ciencias, literatura…

(Wikimedia Commons)

  • Spiranthes aestivalis: Delicada herbácea de la familia de las Orquídeas. En el País Vasco está presente de forma muy escasa. Tiene categoría “rara” y crece en humedales turbosos, prados y juncales con suelo permanentemente húmedo.
  • Woodwardia radicans: Helecho que vive en taludes sombríos y abrigados, en barrancos con humedad constante y temperaturas suaves, catalogada “de interés especial”.

Estas especies deben ser disfrutadas en el campo y nunca recogidas ni sacadas de su medio. Si son tan escasas se debe a que son extremadamente sensibles a las condiciones de suelo, luminosidad, temperatura, humedad, etc. y no sobreviven a un cambio de hábitat. Además, algunas están protegidas y su recolección está prohibida.

Especies singulares no catalogadas

Su función en el entorno es indispensable para el correcto funcionamiento de los ecosistemas.

  • Dactilorhiza elata: Orquídea que aparece en prados con mucha humedad y juncales, de distribución submediterránea.
  • Radiola linoides: habita en pastos anuales, sobre suelos arenosos temporalmente húmedos y su distribución es eurosiberiana.
  • Anacamptys piramidalis: Orquídea con inflorescencia (conjunto de flores) piramidal. Habita sobre suelos calizos, en terrenos relativamente secos y soleados. Común en el Mediterráneo, es poco frecuente en la región eurosiberiana (el caso de Alonsotegi).
  • Ophioglossum lusitanicum: Pequeño helecho que crece en pastos con suelos secos. La población de Alonsotegi es una de las tres que se han localizado en el País Vasco.
  • Thapsia villosa: Herbácea perenne que habita pastos y matorrales secos y soleados. Su área de distribución es la parte occidental de la región mediterránea y su presencia es muy escasa en los valles atlánticos. En Bizkaia, además de Alonsotegi, sólo se conoce en Zalla y Gordexola, también en la cuenca del Cadagua.

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Poco a poco, casi sin darnos cuenta, hemos ido descendiendo hasta llegar al pueblo. Lo que empezó como una excursión para conocer la naturaleza que podemos encontrar cerca de la ciudad se ha convertido en una pequeña aventura donde nos hemos encontrado con galeones del siglo XVI, hemos conocido dos escritores vascos, uno de finales del siglo XIX en castellano y otro del XX en euskera; hemos conocido la doble cara del eucalipto, con su contenido en sustancias químicas que nos pueden curar pero también su fuerte impacto en el medio ambiente; hemos visto cómo se tratan los residuos que generamos habitualmente para evitar su impacto ambiental, aprovechándolos hasta que no tienen más utilidad que como combustible para obtener energía; un viaje en el tiempo hasta el siglo XIX nos ha permitido conocer por qué desapareció la mayor parte del bosque autóctono y fue sustituido por el pino insignis; retrocediendo mucho más, hasta hace 100 millones de años, hemos visto como se formó la roca caliza, y de regreso al futuro, hemos extraído el hierro acumulado sobre ella; marcha atrás otra vez en el tiempo, hasta hace unos 5.000 años para entender por qué existen ecosistemas mediterráneos en la costa cantábrica; y finalmente, hemos conocido unas cuantas plantas singulares que habitualmente pasan desapercibidas, una de ellas carnívora, pero que son de gran importancia para la conservación de la biodiversidad.

Vivas donde vivas estoy seguro que puedes hacer una excursión parecida por tu entorno. Sólo tienes que documentarte un poco, preguntar a familiares y profesores para que te orienten, y disfrutar de una aventura donde encontrarás viajes en el tiempo, poesía, naturaleza, paisajes, ciencias como la biología, la geología y la química, y más de una sorpresa.

(*) Actualización 4/11/2013: Parece ser que estas características les permiten alcanzar grandes profundidades, llegar a depósitos de oro y otros metales, y extraer partículas que acumulan en los tejidos aéreos. Así pueden usarse como indicadores biogeoquímicos por la industria minera.Natural gold particles in Eucalyptus leaves and their relevance to exploration for buried gold deposits“. NATURE COMMUNICATIONS .

(1) Actualización 10/11/2014: “Ferrería del siglo XI hallada en la subida al monte Pagasarri”

Referencias

 BiocarnavalJuniors Una excursión muy completa: naturaleza, historia, ciencias, literatura…

Esta entrada participa en el XXVI Carnaval de Biología, Edición Junior, que alberga @RueddaInventos en el blog http://www.laruedadelosinventos.org/

carnaval quimica xxviii 28 edicion niquel edition flagellum 3dciencia 2013 octubre Una excursión muy completa: naturaleza, historia, ciencias, literatura…

Este post participa en el XXVIII Carnaval de Química, que se aloja en el blog Flagellum @3Dciencia

Historia “natural” de la puchera ferroviaria

Las Encartaciones

La comarca vizcaína de Las Encartaciones (Enkarterri en euskera), probablemente sea la más desconocida de Euskadi, incluso para los vascos. Su ubicación, la más occidental del País Vasco, la convierte en puerta hacia la meseta castellana por el Valle de Mena y hacia la cornisa cantábrica por Cantabria.

Mapa de Las Encartaciones

Esto ha hecho que históricamente se mezclen las culturas vasca y castellana, como se refleja en la toponimia y en el habla en castellano, donde podemos encontrar términos tanto del euskera como del astur-leonés. Podemos encontrar lugares distantes a pocos kilómetros, uno con el topónimo castellano y otro con el vasco.

A finales del siglo XII, se denominaba valle de Salcedo a los actuales municipios de Güeñes y Zalla, y al río Cadagua como río Salcedo. Por otro lado, tenemos el topónimo vasco y apellido muy común en la zona, Saratxaga. Tanto Salcedo como Saratxaga tienen el mismo significado: bosque de sauces. En ambos idiomas abundan los topónimos relativos al agua: Allendelagua, Ambasaguas, Pozalagua, Ibarra, Padura, Ugarte.

Toponimia vasca

Urrutia,   Ibarra, (O)Labarrieta, Goikuria, Padura, Aranguren, Garai, Iratzagorria,   Aretxederra, Artebizkarra, Elubarri, Ugarte, Saratxo, Saratxaga

Toponimia castellana

Nocedal,   Salcedo, Allende(lagua), La Herrera, Avellaneda, Carral, La Aceña, Arenaza,   Traslaviña, Ambasaguas, El Pobal, Ilso, Pozalagua, La Cuadra

Vocabulario   astur-leonés usado en las Encartaciones

borona

maíz

borto

madroño

caco

azada de dos picos

escacho

espino

jaro

zarza

monchina

silvestre, montés

quima

rama delgada

sallar

cavar con azada para quitar las malas hierbas

seruga

vaina de legumbres

tasugo

tejón

El municipio donde vivo, Alonsotegi, no ha pertenecido históricamente a esta comarca, pero ha sido su conexión con Bilbao y su área metropolitana, y por tanto comparte con Las Encartaciones gran parte de su cultura y tradiciones.

 Historia natural de la puchera ferroviaria

Alonsotegi, década de 1940.

Esta relación con Castilla y León se vio acrecentada en gran medida con la construcción, terminando ya el siglo XIX, del ferrocarril que unía Bilbao con la localidad leonesa de La Robla, conocido popularmente como el “Hullero”.

El ferrocarril de La Robla

A finales del siglo XIX, la riqueza carbonífera de toda la zona norte de León, Palencia y sur de Santander estaba inexplotada por falta de vías de comunicación, mientras que en las industrias que rodeaban Bilbao faltaba combustible. Ante esta situación se decidió prolongar el trazado que recorría la cuenca carbonífera hasta Bizkaia para abastecer con carbón de calidad media (hulla) las industrias vascas, prácticamente de puerta (la bocamina) a puerta (la caldera de los altos hornos). Además se podía complementar con el tráfico de viajeros y el de mercancías generales.

Tras estudiar varias alternativas, tanto de vía ancha como estrecha, se escogió la vía métrica y conectar con el trazado ya existente entre Bilbao y Balmaseda. Esto resultaba bastante más barato, el coste de los 200 km construidos ascendió a 15.999.000 pesetas. Se eligieron locomotoras de 40 y vagones de 10 toneladas para viajeros de primera y segunda clase. La velocidad establecida ¡alcanzaba los 25-30 km/h! Se calculó un tráfico anual de 200.000 toneladas de hulla.

 Historia natural de la puchera ferroviaria

Ferrocarril de La Robla cruzando el río Cadagua a su paso por Alonsotegi (1959).

Tras la constitución el 21 de abril de 1890 de la sociedad explotadora “Compañía del Ferrocarril Hullero de La Robla a Balmaseda”, el 6 de octubre de 1892 se abrieron los primeros 45 km que separaban Balmaseda de Espinosa de los Monteros, uno de los más difíciles. Tras un retraso de varias semanas por un derrumbe en Vigo-Siones, finalmente, en 1894 se finalizaron las obras. Hay que resaltar la celeridad de las obras gracias a la buena organización, en un trazado muy complicado, quebrado y sinuoso, que ocasionaría posteriormente grandes complicaciones de tracción.

El 11 de agosto de 1894 se inauguraron los 281 km construidos, que junto con los 30 ya existentes lo convertían en el ferrocarril de vía estrecha más largo de España, récord que todavía mantiene.

En los primeros años los resultados de explotación no fueron los previstos. Había problemas con la explotación de las minas y por la falta de conexiones tanto dentro de la comarca minera como en la margen izquierda de la ría de Bilbao, donde se concentraban las industrias siderúrgicas. La gravedad de la situación hizo temer incluso por su supervivencia, pero a partir de 1903, solventados esos problemas, el progresivo incremento del tráfico permitió repartir beneficios en 1906, en concreto 5 pesetas por acción. En 1913 se superaron las 200.000 toneladas de transporte de hulla, 500.307 en 1918, y en 1958 su récord, 908.464.

Tras la guerra civil se produce un gran incremento del transporte de viajeros, consecuencia de la falta de transporte por carretera y la migración hacia Bizkaia. A partir de 1959 se sustituye progresivamente el vapor por el diesel, empezando por los trenes de mercancías.

Pero el tiempo no pasa en balde, y por primera vez en 1966, no se cubren los gastos con los ingresos, debido principalmente al descenso del 30% del tráfico hullero, y se encomendó la dirección a la compañía Ferrocarriles de Vía Estrecha (FEVE). El paulatino descenso de todo tipo de tráfico hizo que en 1991 el ministerio competente decretara el cese del servicio de viajeros entre Guardo (Palencia) y Balmaseda. En ese momento el recorrido Bilbao-Balmaseda duraba 12 horas.

 Historia natural de la puchera ferroviariaEstación de Guardo, Palencia. (Wikimedia)

En 2003, un convenio entre FEVE y la Junta de Castilla y León hizo posible la reanudación del recorrido entre Bilbao y León para pasajeros, reduciendo la duración del viaje a 7 horas y media. Una buena oportunidad para disfrutar de los paisajes, la naturaleza y el románico del Valle de Mena y la montaña palentina y leonesa.

La puchera

Este curioso plato nació al calor del carbón y del vapor, mecido por el traqueteo del viaje. Su originalidad reside en el ingenio utilizado para su preparación. En los tiempos de las máquinas de vapor, los ferroviarios cocinaban su almuerzo en una olla que colocaban en la salida de vapor de la caldera de la locomotora, y así, lentamente, se iban cocinando las alubias, la carne y el chorizo.

 Historia natural de la puchera ferroviariaPuchera tradicional (Wikimedia)

Posteriormente se diseñó un recipiente que incluía una “caldera” a medida para la olla, un armazón de chapa reforzado con remaches, elaborado artesanalmente. Se remataba con tres patas y varios orificios para permitir la entrada de aire y la salida de humo. En el fondo del armazón se colocaba el carbón vegetal y encima se encajaba la olla.

Esta forma de cocinar las alubias se convirtió en una tradición en todos los pueblos por donde pasaba el “Hullero”, pero quizás las pucheras más famosas son las de Balmaseda, capital de la comarca encartada. Cada 23 de octubre, día de San Severino, se organiza un concurso que en 2012 celebró su 42ª edición, con la participación de más de cien pucheras: San Severino 2012, Balmaseda.

La alubia

La leguminosa Phaseolus vulgaris, es conocida en la Península Ibérica por diferentes nombres. En castellano: alubia (del árabe al-lubíia), judía (del hebreo yehudi), frijol (del asturleonés fréxol). El fréxol asturleonés, el gallego feixón, el catalán fesol, el portugués feijão, vienen del latín phaseolus. También en Galicia se las conoce como fabas y en Asturias como fabes. En Castilla-La Mancha, en Andalucía y la Región de Murcia se denominan habichuelas, en Cataluña se conocen también con el nombre de mongetes (singular, mongeta). En la Comunidad Valenciana se le conoce como fesol. En La Rioja existe una variedad oscura conocida como caparrones. Por último, en euskera, se las conoce como indaba (haba india) y babarrun. En 2007 se cultivaron en todo el mundo 18,3 millones de toneladas de alubias.

Origen y taxonomía de la alubia

Se considera México como el más probable origen, o por lo menos, el centro primario de diversificación. Algunos hallazgos arqueológicos en Meso y Sudamérica indican que ya se conocía hace 7000 años. Las culturas precolombinas seleccionaron las mejores variedades de esta leguminosa, generando una gran número de diferentes formas y denominaciones. En México, además de la denominación fríjol en español, hay más de 30 nombres indígenas: babi (lengua tepehuana), bi-zaa-hui (lengua zapoteca), canastapu (lengua totonaca), chenec (lengua tzeltal y tojolobal), etl (náhuatl), tzanam (lengua huasteca), huay (lengua chinanteca), ju (lengua otomí), etc.

Aunque su nombre científico, Phaseolus vulgaris L., ya fue asignado por Linneo en 1753, su taxonomía se ha establecido apenas hace medio siglo:

TAXONOMIA

Reino Plantae
Subreino Traqueobionta   (plantas vasculares)
Superdivisión Spermatophyta   (plantas con semillas)
División Magnoliophyta   (plantas con flor)
Clase Magnoliopsida   (dicotiledóneas)
Subclase Rosidae
Orden Fabales
Familia Fabaceae
Subfamilia Faboidae
Género Phaseolus
Especie Phaseolus vulgaris

 Historia natural de la puchera ferroviaria

Foto del ejemplar de Phaseolus vulgaris del herbario de Linneo.

Características de la alubia

La forma silvestre de la alubia es una enredadera común en lugares perturbados como los matorrales en las orillas de carreteras, orillas de bosques o de parcelas. Tiene formas lilas y color crema, frecuentemente en la misma población. Como el resto de las leguminosas, la simbiosis con bacterias del género Rhizobium les permite disponer de abundante nitrógeno fijado por estos microbios directamente del aire.

Sus propiedades nutritivas se deben a su alto contenido proteico principalmente, y en menor medida a su aportación de carbohidratos, vitaminas y minerales.

CONTENIDO NUTRICIONAL

Proteínas
  •   14-33% según variedad
  •   Rico en aminoácidos como lisina, fenilalanina   y tirosina.
  •   Pobre en los aminoácidos azufrados cisteína y   metionina.
  •   70% de la calidad proteínica de origen animal.
Carbohidratos (almidón   principalmente)
  •   52-76 g/100g según variedad
  •   Tras la cocción una parte queda indisponible   dado que se transforma en indigerible
Lípidos
  •   1,5-6,2 g/100g según variedad
  •   Mezcla de acilglicéridos, predominando los   ácidos grasos mono y poliinsaturados.
Vitaminas y minerales

Fuente   considerable de calcio, hierro, fósforo, magnesio y zinc y de las vitaminas   tiamina, niacina y ácido fólico.

Fibra
  •   14-19 g/100g según variedad
  •   50% soluble
  •   Principalmente pectinas, pentosanos,   hemicelulosa, celulosa y lignina.

Pero estas legumbres también contienen sustancias químicas naturales que interfieren con el aprovechamiento de los nutrientes, y que en situaciones extremas pueden resultar perjudiciales: inhibidores de tripsina, taninos, lectinas y ácido fítico.

La tripsina es una enzima secretada por el páncreas que en el duodeno digiere las proteínas. Sus inhibidores pueden provocar retardo en el crecimiento e hipertrofia pancreática. Respecto a los taninos, además de disminuir la digestibilidad de proteínas, limitan la biodisponibilidad de minerales como el hierro y cinc, mientras que el ácido fítico también afecta la asimilación del cinc: Por otra parte, las lectinas (fitohemaglutinina, PHA) son proteínas que inducen el crecimiento del páncreas en ratas y producen ulceración y necrosis en el intestino. Otra familia de componentes que se consideran indeseables son ciertos oligosacáridos como la rafinosa, estaquiosa y verbascosa, los cuales no son hidrolizados (rotos) en la primera etapa de la digestión y terminan fermentados en ácidos grados de cadena corta y gas en el colon, lo que provoca problemas de flatulencia.

Pero no debemos olvidar que las técnicas culinarias de preparación, como el remojo y la cocción, eliminan o disminuyen radicalmente la presencia de dichos factores antinutricionales. Además, en la actualidad se está demostrando que estas sustancias están relacionadas con la prevención o el tratamiento de ciertas enfermedades, en dosis bajas como se encuentran en los platos cocinados.

Por último, también son ricas en purinas, que se metabolizan a ácido úrico. Este ácido úrico puede cristalizar en las articulaciones produciendo gota, o en los riñones o vías urinarias produciendo así cálculos.

Componentes funcionales, nutracéuticos, fitoquímicos

Con todas estas denominaciones se conocen las sustancias químicas con actividad fisiológica, que proporcionan beneficios más allá de la nutrición básica y pueden prevenir enfermedades o promover la salud. Algunos de ellos ya los he citado hace un momento: fibra, polifenoles, ácido fítico, taninos, inhibidores de tripsina y lectinas.

EFECTOS FISIOLÓGICOS

Inhibidores de tripsina
  •   Protección contra rotavirus (gastroenteritis).
  •   Inhiben carcinogénesis.
  •   Quimioprotectores, protegen contra efectos   secundarios de ciertos medicamentos.
Ácido fítico
  •   Efecto antioxidante.
  •   Reduce riesgo de cáncer (colon y mama)
Lectinas
  •   Disminución del crecimiento de linfomas   no-Hodgking (ganglios, bazo, etc.).
  •   Se utilizan como marcadores de tumores.
Taninos

Antioxidantes,   antícancerígenos y antimutágenos

Fibra
  •   Efecto hipocolesterolémico (reduce hasta un   10% el colesterol en sangre)
  •   La fermentación en el colon genera ácidos   grasos de cadena corta, que provocan la disminución de la síntesis de   colesterol en el hígado

Formas de cocinarlas

Las alubias se pueden almacenar indefinidamente en un lugar seco y fresco, pero sus cualidades nutricionales disminuyen y el tiempo de cocción se alarga. El remojo durante varias horas depende de la variedad y, sobre todo si son frescas o secas, y sirve para acortar el tiempo de cocción. Se calcula que el remojo puede eliminar el 5-10% de los azúcares que producen el gas responsable de las flatulencias. En función de la frescura, el remojo y la variedad, el tiempo de cocción oscila entre 1 y 4 horas, que se pueden reducir en gran medida en una olla a presión.

En México, Centro y Sudamérica, la especia tradicional que se usa con los fríjoles es el epazote, Dysphania ambrosioides, que parece que facilita la digestión. En el este de Asia, con el mismo propósito se añade durante la cocción el alga kombu (Género Laminaria).

No puedo cerrar este apartado sin mencionar una de mis debilidades en cuanto a un plato elaborado con alubias, las fabes con marisco del restaurante Llantares de Mar en Ribadesella (Asturias), simplemente no tengo palabras para describirlo.

Variedades vascas

La alubia es un producto de gran tradición en el País Vasco, cultivado en nuestros caseríos desde hace más de 300 años. Su producción es artesanal en pequeñas huertas próximas al caserío

“Tolosako Babarruna – Alubia de Tolosa” (Variedad “Tolosana” (Aiena) registrada en el Instituto Nacional de Semillas y Plantas de Vivero).

  • Porte indeterminado (mata alta).
  • Sistema de producción asociado a maíz, malla o entutorado y con una duración del cultivo al aire libre desde la siembra, que se extiende entre 120 y 170 días.
  • Grano de forma ovoidea y con un color que va de un morado oscuro a prácticamente negro.
  • Tamaño “Txiki”: 0,5 – 1 cm de longitud; “Haundi” 1 – 1,5 cm.

Se cultiva en toda Gipuzkoa, principalmente en la zona de Tolosaldea desde mediados de mayo hasta mediados de octubre aproximadamente. Se recolecta a mano a finales de septiembre o de octubre, después se deja un tiempo de secado que varía en función de las lluvias, para posteriormente consumirse a lo largo de todo el año.

“Gernikako Indaba – Alubia de Gernika” (Variedad tipo “Gernikesa”, pendiente de registro en el Instituto Nacional de Semillas y Plantas de Vivero).

  • Porte indeterminado (mata alta)
  • Sistema de producción asociado a maíz o entutorado y con una duración del cultivo al aire libre desde la siembra que se extiende entre 120 y 140 días.
  • Grano de forma ovoidea alargada y con un color variegado granate y crema.
  • Tamaño de 1 a 1,5 cm de longitud

Se cultiva desde el siglo XVIII en pequeñas explotaciones de las comarcas de Mungia, Busturialdea y Lea Artibai

 “Arabako Babarrun Pintoa – Alubia Pinta Alavesa” (Variedad “Alavesa” (Laura) registrada en el Instituto Nacional de Semillas yplantas de Vivero)

  • Porte determinado (mata baja)
  • Duración del cultivo al aire libre que se extiende entre 100 y 110 días desde la siembra.
  • Grano de forma ovoidea y con un color variegado granate y crema.
  • Tamaño de 0.5 a 1,5 cm de longitud.
  • La siembra se realiza en mayo. Se recolecta manualmente a finales de septiembre o primeros de octubre. A continuación se deja secar más o menos tiempo según la climatología del año (a más lluvias más tiempo de secado).

Se cultiva desde el siglo XVIII en las comarcas de Montaña y Valles Alaveses. La Alubia Pinta Alavesa, es un tipo de alubia que ha estado presente de forma tradicional y significativa durante mucho tiempo en las explotaciones agrarias de Alava.

Elaboración de la puchera

La elaboración de las alubias en la puchera ferroviaria no difiere mucho de las preparadas en una cocina normal. La diferencia es el control del calor poniendo la cantidad de carbón vegetal adecuada en función de la cantidad de ingredientes. Y en cuanto a éstos, y el orden y la forma de echarlos en la puchera, cada maestrillo tiene su librillo y para gustos están los colores. La receta estándar, utilizada en el concurso de Balmaseda es la siguiente:

Ingredientes para 5 personas

  • 1kg de alubias
  • 1 cebolla
  • 3 dientes de ajo
  • 2 zanahorias
  • 1 pimiento choricero
  • 1 tomate
  • 1 puerro
  • aceite de oliva
  • 1/2kg Costilla de cerdo
  • tocino (3 ó 4 trozos)
  • 2 chorizos por kilo de alubias
  • 2 morcillas
  • Sal

Tiempo de elaboración

4 horas de cocción y media de reposo con alubia nueva.

Elaboración

La putxera se enciende con 1 ½ kg o 2 kg de carbón, colocando el puchero cuando el carbón esté al rojo vivo. En el puchero se ponen las alubias junto con la verdura finamente picada, el agua y un chorro de aceite. Cuando empieza a hervir se corta el hervor con agua fría para que se hagan despacio. La costilla y los chorizos se agregan cuando las alubias están a medio hacer. Las morcillas se añaden a última hora y entonces se le da el punto de sal.

Aquí llamamos “sacramentos” a los productos del cerdo que se añaden al cocido de alubias: costilla, tocino y chorizos, morcillas. Si se quiere disminuir la cantidad de grasa en el plato final, se pueden cocer los sacramentos aparte y añadirlos la última media hora de cocción, a costa claro, de perder sabor. Como hemos visto antes, aunque los sacramentos contengan gran cantidad de colesterol, en parte se compensa por el efecto de la fibra de las alubias.

En cuanto al tipo de morcilla, en Gipuzkoa y otros sitios se utiliza la de verdura (tipo Beasain: 50% cebolla, 10% puerro, 40% manteca de cerdo, sangre de cerdo, orégano, sal y tripa de vacuno), en Encartaciones la morcilla tradicional es la de arroz (tipo Burgos: cebolla, sangre, manteca de cerdo y arroz, sal, pimienta, pimentón y orégano).

Y como última recomendación, dentro de todas las posibilidades de encontrar buenas alubias en Enkarterri, yo me quedo con las del restaurante Batirtze, en Sodupe: alubias, sacramentos, berza y guindillas de acompañamiento, con un buen arroz con leche casero de postre.

La puchera llevada al límite

El pasado sábado me tocó afrontar un nuevo reto: preparar una puchera de alubias para 13 adultos y 6 menores, poniendo al límite la capacidad de mi puchera. Calculé necesarios dos kilos de alubia negra de Tolosa, que estuvieron toda la noche a remojo.

 Historia natural de la puchera ferroviaria

En vez de pimiento choricero entero, usamos un botecito de pulpa ya extraída; costilla adobada, que tiene más sabor; y morcilla de la localidad alavesa de Artziniega.

 Historia natural de la puchera ferroviaria

La jornada empezó a las 9.30, con 6ºC, 78% de humedad y 1012 mb de presión atmosférica. Lo primero, preparar una buena brasa que aguante por lo menos tres horas.

 Historia natural de la puchera ferroviaria

Mientras coge temperatura, picamos y añadimos la verdura.

 Historia natural de la puchera ferroviaria

Y a partir de ahí, intentar que no hierva muy fuerte, cosa que al principio resulta difícil por la fuerza de la brasa. Revolver para que no se peguen en el fondo y añadir agua si vemos que se quedan secas.

 Historia natural de la puchera ferroviaria

Cuando lleven una hora aproximadamente, se añaden los sacramentos menos las morcillas. Dado que todos los sacramentos comprados no cabían en la olla, sólo añadimos la mitad; la otra mitad la cocimos aparte, con lo que también eliminamos una parte importante de la grasa.

 Historia natural de la puchera ferroviaria

Se comprueba de vez en cuando la dureza de las alubias y cuando veamos que les queda ya poco para coger el punto de ternura, le añadimos las morcillas y la sal al gusto. Cuando ya estén hechas, las retiramos del fuego y las dejamos reposar antes de servir.

 Historia natural de la puchera ferroviaria

Al final, con la olla al límite y los borbotones salpicando fuera de vez en cuando, salió todo bien y el personal quedó satisfecho.

 Historia natural de la puchera ferroviaria

Incluso alguna personita que hace no mucho que dejó el biberón, no quería soltar la cuchara con alubias. La calidad del género, tanto de las alubias (bien pagadas, eso sí) como de los sacramentos comprados en la carnicería Coloma de Alonsotegi, junto con la tecnología ferroviaria, hacen difícil el fracaso.

 Historia natural de la puchera ferroviaria

La otra estrella de la comida: cazuela de pimientos al estilo de Encartaciones.

Historia de mezclas o mezcla de historias

Además de los comensales autóctonos, había representantes de Eibar (Gipuzkoa), Santander, Madrid y San Miguel de Tucumán (Argentina). Una pequeña mezcla de culturas, como la misma historia de la puchera ferroviaria, que empezamos hace 7000 años al otro lado del charco, con las culturas precolombinas transformando las variedades naturales de Phaseolus para adaptarlas a sus necesidades. Después dimos un salto en el tiempo volviendo a estas tierras, cuando hace 1000 años un joven idioma castellano se encontró con el ancestral euskera, mezclándose para enriquecimiento de ambos. Hace 150 años la llegada de la Revolución Industrial transformó el mundo, y el ingenio humano consiguió hacer posible una línea de ferrocarril que parecía inviable. Con el tiempo, lo que era un transporte de gran importancia económica y social se ha transformado en una ruta de ocio y turismo, recordando los viejos tiempos del vapor y el carbón. Por su parte, la ciencia nos permite conocer los secretos más íntimos de la alubia, cuyos beneficios superan a los inconvenientes. Un producto “natural”, a pesar de que tenga poco que ver con la planta original que empezaron a cultivar en América.

La mezcla, tanto en cultura (fusión se le llama ahora) como en biología, es fuente de diversidad que se transforma en riqueza intelectual o genética, equipaje muy útil en nuestro viaje vital, ya que aumenta nuestras posibilidades de adaptarnos mejor al medio y nos permite recordar de dónde venimos para saber a dónde vamos.

Os dejo con el heredero del tren de La Robla.

Referencias

“Esta entrada participa en la III Edición del Carnaval de la Nutrición, organizado por el blog Scientia

“Esta entrada participa en la Edición XXI del Carnaval de Biología, hospedado en esta ocasión en La Enciclopedia Galáctica“, perteneciente a @torjosagua.

“Esta entrada participa en la XXII Edición del Carnaval de Química acogido en el blog Roskiencia, cuyo autor es @ismael__ds/@roskiencia

Actualización 15/04/2013: http://treneando.com/2013/04/13/el-museo-del-ferrocarril-de-gijon-organiza-hoy-una-muestra-de-cocina-de-la-zona-en-olla-ferroviaria/