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Incineración de residuos y organismos transgénicos, dos polémicas paralelas.

En esta sociedad que nos ha tocado vivir, cada vez más desarrollada tecnológicamente y cada vez más dependiente de la tecnología, periódicamente surgen polémicas en torno a nuevas técnicas en el momento de su implantación. Tras una fase de desconfianza inicial, entendible por el innato temor de los seres humanos a los cambios y a lo desconocido, llega un momento en que, de repente, se convierte en causa de lucha política. La acusación de intereses ocultos por parte de los poderes políticos y económicos, efectuada por colectivos o partidos políticos autodenominados progresistas y defensores del medio ambiente, puede llegar a desvirtuar completamente la realidad: organismos genéticamente modificados (OGM), incineración de residuos, energía nuclear, células madre, quimiofobia, etc.

En el caso de los organismos transgénicos, las limitaciones a su uso en Europa supone a los agricultores europeos unas pérdidas de entre 443 y 929 millones de euros al año. Limitaciones existentes a pesar de que la misma Comisión Europea publicó dos informes en 2005 y 2010 que abarcaban 25 años de investigación sobre los potenciales efectos de los organismos modificados genéticamente sobre la salud humana y el medio ambiente, y que concluyeron que a día de hoy no existe evidencia científica que asocie los OGMs con mayores riesgos para el medio ambiente o para la alimentación que los existentes con plantas u organismos convencionales. Además, a nivel mundial, durante los últimos 15 años miles de millones de personas han consumido alimentos con ingredientes genéticamente modificados sin que se haya detectado ningún riesgo para la salud, según reconocen las academias científicas y consejos médicos de todo el mundo.
Otro tema estrella en cuanto a relevancia social es la incineración de residuos urbanos. Los daños ambientales y el paso a la cadena alimenticia de algunos contaminantes provocados por incineradoras con tecnologías de los años 60 y 70 han sido la excusa de los grupos ecologistas y algunos partidos políticos para oponerse radicalmente a un sistema de eliminación de residuos que no pueden ser reciclados y que actualmente están basados en tecnologías seguras. Esta es mi visión desde mi experiencia personal.

Los inicios de la gestión de residuos en Bizkaia
Fue a finales de los 90 cuando tuve contacto por primera vez con el tema de la incineración de residuos. En esa época la Diputación Foral de Bizkaia decidió ubicar una planta de valorización de residuos urbanos, es decir, incineradora con recuperación de energía, en el municipio de Bilbao pero en el límite con mi pueblo, Alonsotegi. El revuelo que se montó en aquel momento fue considerable, ya que aparte de la polémica habitual que desatan estas instalaciones, en el caso de mi pueblo había unos antecedentes que hacían a mis convecinos mucho más sensibles a esta decisión.
Artigas-Alonsotegi
En 1973, la alcaldesa franquista de Bilbao, Pilar Careaga, había decidido ubicar un vertedero de basura doméstica en la vaguada de Artigas, en el límite con Alonsotegi, para dar servicio a Bilbao y a gran parte de los municipios del área metropolitana. Esto suponía verter los residuos de unos 800.000 habitantes y convertirse en el principal vertedero de Bizkaia. Sobra decir que en aquel momento, las medidas correctoras y minimizadoras del impacto ambiental no existían: los lixiviados iban directamente al río Cadagua, los gases escapaban a la atmósfera llevando los malos olores a Alonsotegi, el viento sur llenaba el pueblo y las márgenes del río de bolsas de plástico, el tráfico de camiones por una carretera estrecha aumentaba el riesgo de accidentes… La protesta social provocada por esta actuación se añadió al movimiento ciudadano originado en la década de los 70 por el deterioro ambiental en el área industrial de Bilbao, y desembocó en una recogida de 50.000 firmas por parte de las asociaciones de vecinos contra las actuaciones de la alcaldesa, consiguiendo que dimitiera en 1975.

La Agenda 21 Local
En 1999 entré como concejal en el Ayuntamiento de Alonsotegi y me hice cargo del área de medio ambiente. El objetivo del equipo de gobierno era llevar a cabo la regeneración urbana y medio ambiental de un municipio que en los últimos años había sufrido las consecuencias de la crisis industrial, el paro y problemas ambientales como contaminación de aire, suelos y aguas; deforestación e inundaciones. Sólo el 5% de la superficie del municipio es urbana, el resto es monte con grandes pendientes.
Viendo las necesidades de llevar a cabo un política integral de regeneración urbana, medio ambiental y social, decidimos poner en marcha la Agenda 21 Local, ya que su objetivo es desarrollar un proceso de planificación y mejora continua, no sólo con políticos y técnicos, sino con participación ciudadana permanente.
En los foros de participación ciudadana llegaron a participar la mayoría de los agentes sociales del municipio: principales empresas, la dirección del centro escolar, asociaciones y particulares, etc. También participó el movimiento ecologista anti-incineradora, cuyo único objetivo en las primeras reuniones era tratar el tema de los residuos, a pesar de que la problemática ambiental en el municipio era mucho más amplia. Una de sus principales quejas era la poca información que suministraban las administraciones, y que ese ocultismo era la prueba del peligro que suponía la incineración. Tras unos meses de trabajo en los foros, al final se trataron todos los problemas ambientales, y llegó un momento en que el grupo ecologista reconoció que no daban abasto a estudiar toda la información que se les suministraba.

Los inicios de la incineración de residuos
El origen de la mala fama de las incineradoras de residuos viene de las instalaciones anteriores a los años 80. En los 50, las chimeneas y el humo eran símbolo de prosperidad, y se trataba de que funcionaran de la forma más barata posible. La contaminación consiguiente se aceptaba como algo inevitable. A partir de los 60, a medida que los daños ambientales eran cada vez más palpables, aparecieron las primeras normativas y también las primeras mejoras en el sistema de incineración, así como la recuperación de energía. A pesar de este ligero avance, la acumulación de cierto tipo de contaminantes en los alrededores de las plantas de incineración y su paso a la cadena alimenticia, fue lo que encendió la alarma sobre estas instalaciones.

Las dioxinas y furanos
De esos contaminantes, sin duda los más famosos son las dioxinas y furanos. Aunque el término “dioxina” corresponde a la molécula 2, 3, 7, 8-tetraclorodibenzo-para-dioxina (TCDD), se utiliza genéricamente para denominar a una familia de compuestos que comparten la estructura dibenzo-para-dioxinas policloradas (PCDD) y los dibenzofuranos policlorados (PCDF). Bajo esa designación también se incluyen algunos bifenilos policlorados (PCB) análogos a la dioxina que poseen propiedades tóxicas similares. Se han identificado unos 419 tipos de compuestos relacionados con la dioxina, pero se considera que sólo aproximadamente 30 de ellos poseen una toxicidad importante, siendo la TCDD la más tóxica.
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Estructura general de las PCDD (Wikimedia)

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Estructura del TCDD 2, 3, 7, 8-tetraclorodibenzo-para-dioxina (Wikimedia)

El origen de las dioxinas es básicamente industrial, aunque también se forman en la naturaleza, en los incendios forestales y en las erupciones volcánicas. En principio, la combustión en determinadas condiciones de cualquier compuesto orgánico puede dar lugar a algún tipo de dioxina (el cloro es el décimo elemento más abundante en los seres vivos).

Las dioxinas son contaminantes ambientales que la Organización Mundial de la Salud incluye en la «docena sucia»: “un grupo de productos químicos peligrosos que forman parte de los llamados contaminantes orgánicos persistentes (COP). Las dioxinas son preocupantes por su elevado potencial tóxico. Una vez que han penetrado en el organismo, persisten en él durante mucho tiempo gracias a su estabilidad química y a su fijación al tejido graso, donde quedan almacenadas. Se calcula que su semivida en el organismo oscila entre 7 y 11 años. En el medio ambiente, tienden a acumularse en la cadena alimentaria. Cuanto más arriba se encuentre un animal en dicha cadena, mayor será su concentración de dioxinas”.

Las dioxinas son fundamentalmente subproductos no deseados de numerosos procesos de fabricación tales como la fundición, el blanqueo de la pasta de papel con cloro o la fabricación de algunos herbicidas y plaguicidas.

Aunque la formación de dioxinas es local, su distribución ambiental es mundial. Las dioxinas se encuentran en todo el mundo en prácticamente todos los medios. Las mayores concentraciones se registran en algunos suelos, sedimentos y alimentos, especialmente los productos lácteos, carnes, pescados y mariscos. Sus concentraciones son muy bajas en las plantas, el agua y el aire.
En 2001 un Comité Mixto FAO/OMS de Expertos en Aditivos Alimentarios (JECFA) y el Comité científico de la alimentación humana de la Unión Europea llegaron a la conclusión de que una proporción considerable de la población puede superar la ingestión tolerable de dioxinas y compuestos análogos a las dioxinas, por lo que establecieron un “Código de prácticas para la prevención y la reducción de la contaminación de los alimentos y piensos con dioxinas y BPC análogos a las dioxinas”.

Una serie de sucesos con las dioxinas como protagonistas contribuyeron a aumentar la alarma sobre la peligrosidad de estos compuestos, de los cuales destacaré los dos más conocidos. Por un lado, el TCDD era uno de los componentes del agente naranja, el herbicida utilizado por los Estados Unidos en la guerra de Vietnam para deforestar la selva, con graves efectos sobre la población. Por otro, en 1976 en Seveso, norte de Italia, un grave accidente en una fábrica de productos químicos liberó una gran cantidad de dioxinas, entre ellas el TCDD. La contaminación cubrió 15 km2 y afectó a 37.000 habitantes. Desde entonces se ha visto un ligero aumento de algunos tipos de cáncer y se investigan sus efectos en la reproducción y en la descendencia de las personas expuestas.

Para terminar este apartado, citar otra vez a la OMS: “La incineración adecuada del material contaminado es el mejor método disponible para prevenir y controlar la exposición a las dioxinas. Asimismo, puede destruir los aceites de desecho con PCB. El proceso de incineración requiere temperaturas elevadas, superiores a 850 °C. Para destruir grandes cantidades de material contaminado se necesitan temperaturas aún más elevadas, de 1000 ºC o más.”

La Directiva Europea 2000/76/CE relativa a la incineración de residuos
En 1996 la Unión Europea procedió a revisar la estrategia comunitaria para la gestión de residuos, confirmando la jerarquía de principios establecida en 1989, consistente en tres escalones, por orden de preferencia: prevención, valorización y eliminación.
Dentro de cada escalón a su vez se establecen preferencias de gestión tanto a nivel cuantitativo, respecto a las cantidades de residuos y productos susceptibles de convertirse en residuos, como cualitativo respecto a la disminución de la peligrosidad de los residuos, etc.

Gestión de residuos

Esto significa que las prioridades que deben regir la gestión de residuos son las siguientes:

  • En primer lugar prevenir la generación de residuos, por ejemplo, disminuyendo la cantidad de material necesaria para elaborar un producto o su envase; o usando bolsas de la compra reutilizables. En segundo lugar, una vez generado el residuo, ver si es reutilizable, si se le puede dar un segundo uso.
  • En el caso de que no se pudiera reutilizar, pasaríamos a la valorización, es decir, darle un uso al residuo que cree algún tipo de valor. Esto significa reciclar los materiales cuando la tecnología lo permita y en el caso de la materia orgánica, obtener compost. Los residuos restantes pasarían a la incineración con recuperación de energía.
  • De esta forma para la eliminación en vertedero quedaría una mínima parte de la cantidad de residuos original y con unas características casi inertes. El objetivo es el vertido cero de residuos aprovechables de alguna forma.

En este contexto se aprobó en el año 2000 la Directiva relativa a la incineración de residuos. En cuanto a las condiciones de explotación de estas instalaciones, la Directiva recoge que “se diseñarán, equiparán, construirán y explotarán de modo que la temperatura de los gases derivados del proceso se eleve, tras la última inyección de aire de combustión, de manera controlada y homogénea, e incluso en las condiciones más  desfavorables, hasta 850 °C, medidos cerca de la pared interna de la cámara de combustión o en otro punto representativo de ésta autorizado por la autoridad competente, durante dos segundos. Si se incineran residuos peligrosos que contengan más del 1 % de sustancias organohalogenadas, expresadas en cloro, la temperatura deberá elevarse hasta 1.100 °C durante dos segundos como mínimo.

Todas las líneas de la instalación de incineración estarán equipadas con al menos un quemador auxiliar que se ponga en marcha automáticamente cuando la temperatura de los gases de combustión, tras la última inyección de aire de combustión, descienda por debajo de 850 °C o 1.100 °C, según los casos; asimismo, se utilizará dicho quemador durante las operaciones de puesta en marcha y parada de la instalación a fin de que la temperatura de 850 °C o 1.100 °C, según los casos, se mantenga en todo momento durante estas operaciones mientras haya residuos no incinerados en la cámara de combustión.”

Así mismo establece que “se realizarán, de conformidad con lo dispuesto en el anexo III, las siguientes mediciones:

a) mediciones continuas de las siguientes sustancias: NOx, (siempre y cuando se establezcan valores límite de emisión), CO, partículas totales, COT, HC1, HF, SO2;

b) mediciones continuas de los siguientes parámetros del proceso: temperatura cerca de la pared interna de la cámara de combustión o en otro punto representativo de ésta autorizado por la autoridad competente; concentración de oxígeno, presión, temperatura y contenido de vapor de agua de los gases de escape;

c) como mínimo, dos mediciones anuales de metales pesados, dioxinas y furanos; no obstante, durante los 12 primeros meses de funcionamiento, se realizará una medición como mínimo cada tres meses. Los Estados miembros podrán fijar períodos de medición si han establecido valores límites de emisión para los hidrocarburos aromáticos policíclicos u otros contaminantes”.

Aparte de controlar las condiciones de combustión, existen unos sistemas de limpieza de los gases generados en ese proceso, antes de que salgan por la chimenea: filtros electrostáticos y de mangas para atrapar el polvo, neutralización mediante bases alcalinas de los ácidos clorhídrico, fluorhídrico y los óxidos de azufre, eliminación de los óxidos de nitrógeno haciéndolo reaccionar con urea o amoníaco, de los metales pesados, dioxinas y furanos con carbón activo…

Todo ello además de la autorización ambiental integrada (donde se recoge la corrección de todos los tipos de impacto ambiental de la instalación) que debe conseguir la planta para conseguir la licencia de actividad, según recoge la normativa de prevención y control integrados de la contaminación para este tipo de instalaciones industriales.

 

Zabalgarbi

La planta de valorización energética Zabalgarbi

Tras la constitución de un consorcio público-privado (35%-65%), finalmente se construyó la planta en una cantera abandonada junto al vertedero de Artigas, y funciona desde 2005. La ingeniería SENER adaptó la tecnología de las plantas de ciclo combinado de gas a las de valorización de residuos municipales, mejorando los rendimientos existentes hasta entonces. La potencia neta obtenida, descontado el autoconsumo de la planta, es de 94 MW. En este momento da servicio a una población de unos 700.000 habitantes.

Antes de la puesta en marcha, se realizó un análisis de la calidad del aire, suelo, vegetación, aguas superficiales y subterráneas y olores, con el fin de ver cómo variaban los parámetros con el funcionamiento de la instalación. En la chimenea, a media altura, se encuentra un anillo donde se ubican las sondas que controlan las emisiones antes y después de la depuración, con una conexión en continuo con la Autoridad Ambiental (Gobierno Vasco) y un sistema de bloqueo por si en algún momento se superan los máximos de emisiones.

Las inmisiones se controlan mediante tres cabinas de control situadas alrededor de la planta (en municipios de Bilbao, Barakaldo y Alonsotegi) y conectadas a la Red de Vigilancia de Calidad del Aire del Gobierno Vasco. Se realiza un seguimiento continuo de las concentraciones de PM10, O3, NOx, SO2, COV, HCl y datos meteorológicos. Periódicamente se miden las concentraciones de metales pesados, dioxinas y furanos en el suelo y en el aire. En este medio también se controla periódicamente el nivel de ácido fluorhídrico.

Según se recoge en un documento de la Dirección de Salud Pública del Departamento de Sanidad del Gobierno Vasco: “1) los niveles de emisión de las plantas actualmente construidas en los países desarrollados son varios órdenes de magnitud inferiores a los de las plantas en cuyos entornos se han realizado estudios epidemiológicos y que han encontrado algún tipo de asociación negativa en términos de salud, 2) los estudios de valoración de riesgos señalan que la mayor parte de la exposición, incluso para la población residente en el entorno a las plantas de incineración, y más si lo son de las que utilizan tecnología moderna, se produce a través de la dieta y no por vía directa y 3) que los estudios de seguimiento de los niveles de dioxinas en la población residente en el entorno de plantas de incineración no revela incrementos de dichos niveles cuando se comparan con población que vive en zonas más alejadas que pueden considerarse de referencia”.

Por último, desde 2005, el Departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad del País Vasco realizan un estudio epidemiológico para conocer si la actividad industrial de la planta incide en el entorno y en las personas. Hasta el momento no se han encontrado resultados diferentes a los obtenidos en las poblaciones control.

Dentro del proyecto inicial de esta planta estaba previsto, si fuese necesario, la construcción de una segunda línea de incineración. Por el momento se ha descartado esa posibilidad, ya que ha disminuido el volumen de residuos destinados a la incineración. Esto es debido a varias razones: la aplicación del Plan de Prevención de Residuos Urbanos de Bizkaia 2010-2016; la construcción del centro de tratamiento para la reutilización y reciclaje de residuos voluminosos, la de compostaje y la planta de tratamiento mecánico biológico; y por último, el descenso en las toneladas de basura que se generan en los hogares debido a la actual coyuntura de crisis.

Como vemos, la incineración con recuperación energética es sólo una etapa de la gestión de residuos urbanos, y cuenta con unas medidas de seguridad y unos controles mucho más estrictos que los exigidos a instalaciones industriales de ese tipo.

Incineradora Alonsotegi

Vista de la incineradora desde Alonsotegi. Se observa el penacho de humo de la chimenea y a la izquierda el vapor de agua de las torres de refrigeración.

Si es seguro, ¿por qué la polémica?
En ambos casos, transgénicos e incineración, vemos que existen tecnologías seguras y que existen normativas mucho más estrictas que en el caso de los alimentos producidos por la agricultura tradicional y en el de las industrias similares a la incineración, precisamente para compensar esa mala imagen. Las limitaciones al uso de transgénicos en Europa provocan que sólo las grandes corporaciones puedan producirlos por la gran cantidad de tiempo y dinero que requiere su desarrollo. A pesar del hecho de que los países que más reciclan son los que más incineran (Alemania, Países Bajos, Suecia…), y que existen incineradoras en el centro de las capitales (Londres, París, Viena…), todavía algunos colectivos ecologistas y políticos contraponen incineración frente a reciclaje, sacando a pasear el fantasma del aumento de incidencia del cáncer en los alrededores de estas instalaciones. No olvidemos que, en el caso de Bizkaia, hasta hace poco, en cada comarca había una planta papelera y en cada municipio varias fundiciones sin control ambiental, los principales productores de dioxinas y furanos.

Incineradora Viena

Planta incineradora de Spittelau en Viena, diseñada por Friedensreich Hundertwasser (Foto wikimedia).

Disponiendo de la tecnología y de la legislación adecuadas, queda en manos de la Autoridad Ambiental, es decir, de las administraciones públicas, controlar y garantizar la seguridad de estas tecnologías. Por lo tanto, en todo caso se debe vigilar que el procedimiento administrativo se cumpla, y que se sigan todos los pasos obligatorios establecidos, incluido el de transparencia e información pública. El utilizar la tecnología como excusa para luchas políticas no beneficia a largo plazo a nadie, aunque a corto algún colectivo saque tajada. La complejidad técnica de estos temas hace que sea muy fácil manipular a una sociedad con una escasa formación en temas científicos y técnicos, y que sólo atiende ante posibles amenazas.
En el caso de algunas actividades más o menos molestas, aparece otro fenómeno que se añade al del rechazo sistemático a determinada tecnología. “Yo no estoy en contra de la incineradora, pero que no me la pongan en mi pueblo”. Es el conocido como “síndrome nimby” (not in my backyard – no en mi patio trasero), pero eso da para otro post.
En este momento, la polémica en Alonsotegi es la instalación de un tanatorio con crematorio, una subespecie de la incineración de residuos.

Bibliografía

“Esta entrada participa en la X Edición del Carnaval de la Tecnología, organizado por http://cajadeciencia.blogspot.co.uk/, organizado por @lualnu10.

“Esta entrada participa en la XXI Edición del Carnaval de Química
acogido en el blog Pero eso es otra historia…“.

“Fracking”, no sabes lo que estás haciendo…

Parece ser que el “fracking”, esa técnica que según el gobierno de Patxi López nos iba a solucionar el suministro energético para los próximos 50 años, está de actualidad también en Europa. Según una noticia aparecida hoy en la web de The Guardian y The Observer, el Parlamento Europeo recomienda al Reino Unido que reconsidere su postura de facilitar la extracción de gas mediante esta técnica: “Gran Bretaña no puede estar segura de saber lo que hace si permite que la extracción del controvertido gas siga adelante”. Bruselas regulará la industria del gas bituminoso, según Jo Leinen, miembro del comité de medioambiente del parlamento, y dijo que el Reino Unido no puede estar seguro de entender la escala de las consecuencias para la salud y el medio ambiente del “fracking”, en el que se inyecta agua a presión, arena y productos químicos en la roca para liberar el gas. El ministro de Hacienda británico, George Osborne, anunció la semana pasada que ofrecerán beneficios fiscales a las empresas de fracking, así como una nueva regulación para el “gas no convencional”. Por su parte, el secretario de energía, Ed Davey, espera levantar pronto las restricciones al fracking en una localidad de Lancashire donde el proceso se había parado cuando aparecieron pruebas de que estaba desencadenando terremotos. Leinan, miembro del SPD alemán, expuso la creciente preocupación del Parlamento Europeo sobre el fracking a gran escala, añadiendo que se aprobarán nuevas regulaciones para “gestionar y disciplinar” el sector. Asimismo, comentó que en la actualidad sólo hay dos países que cuentan con el apoyo gubernamental: Polonia, donde el tema va muy despacio, y el Reino Unido, donde se ha dado luz verde. Recientes informes de la Comisión Europea sobre el fracking avisan del riesgo de contaminación del suelo y de las aguas superficiales, emisiones nocivas al aire, peligro para la biodiversidad y contaminación acústica. Según Christophe McGlade, del Instituto de Energía UCL: “Sólo porque el recurso esté ahí, no significa que su extracción sea económica”. Por otro lado, también hay dudas sobre la cantidad de gas que se puede extraer, aunque, según el gobierno, puede suponer un empuje sustancial a la economía británica. En opinión de Leinan, independientemente de la cantidad de gas, la existencia de riesgos demanda una regulación que establezca estándares seguros para toda la UE. “La posibilidad de que el fracking sea una forma de suministro energético es un asunto principal, por lo que estaremos ocupados en este sector durante un tiempo para gestionarlo y disciplinarlo”. En el Reino Unido se estableció una moratoria al fracking en 2011 tras dos pequeños terremotos en el noroeste de Inglaterra donde una firma australiana realizaba sondeos. La compañía reconoció que era “altamente probable” que sus exploraciones desencadenaran los temblores, aunque fue debido a una “inusual combinación geológica”. Me recuerda a Fukushima, donde la central nuclear “no estaba diseñada para una combinación de terremoto y tsunami de esas magnitudes”. Como todo en esta vida, no existen soluciones milagrosas para la crisis energética, y sustituir los combustibles fósiles tradicionales por sus parientes más abundantes pero también con muchos inconvenientes, no es la solución. No se puede olvidar el impacto ambiental de estos combustibles, sólo porque los tengamos en casa y nos ahorremos comprarlos fuera. La sustitución de los combustibles fósiles y la minimización del cambio climático requiere voluntad política y apuestas a largo plazo. http://www.guardian.co.uk/environment/2012/dec/09/fracking-laws-dash-for-gas http://www.guardian.co.uk/commentisfree/2012/dec/09/shale-gas-frackheads-dubious-dream fracking En este blog http://cienciasycosas.blogspot.com.es/2012/12/la-ue-pregunta-la-ciudadania-acerca-del.html?showComment=1356296507542 con fecha de 22 de diciembre se hace un amplio repaso del fracking desde el punto de vista científico y concluye que las técnicas están suficientemente desarrolladas para garantizar una obtención del gas sin impactos importantes. Pero en mi opinión, el hecho de no tener una legislación y una regulación supone un riesgo de que intereses económicos y políticos pasen por encima de las afecciones medioambientales. Los sondeos para obtener este gas se están extendiendo por todo el mundo, a medida que se consume el gas convencional, por lo que creo que a nivel de Europa habría que establecer una moratoria hasta disponer de suficientes estudios científicos y la regulación que establezca la manera de extraer el gas garantizando la preservación del entorno.

Actualización 12/02/2013: http://www.hablandodeciencia.com/articulos/2013/02/11/una-breve-revision-sobre-el-estado-de-la-ciencia-con-el-fracking/

Actualización 30/04/2013: El panorama del “fracking” Juan Ignacio Pérez

Actualización 2/05/2013: Una catedrática de la UPV dice que no pueden descartarse riesgos en el uso del “fracking”.

Actualización 24/06/2013: Encuentran gases en el agua potable cerca de explotaciones de ‘fracking’ Materia.es

Actualización 29/08/2013: Fracking, fracturación hidráulica JoF nº11, julio 2013